Ni juzgues, que ni conoces (segunda parte)

Recuerdo a la memoria de Emi

 

Hola, tiempo sin «vernos».

¿en qué me quede…?

¡ah, sí! En Enero de 2008, comenzaba mi segundo semestre de Diseño gráfico en Cuernavaca. Asistí a la primera semana de clases y me di de baja a la semana siguiente jeje porque yo ya había decidido irme lo más pronto posible. Si bien todavía pasaron algunos meses antes de poder preparar todo para mi mudanza y las confrontaciones con mi madre continuaban e incluso se intensificaron por mi baja de la carrera, en el fondo yo ya me empezaba a sentir diferente, pues sabía que todo cambiaría en cuestión de semanas ¡ah sí! para esto a mi madre no le dije nada de mis planes de irme, hasta unos días antes de la fecha histórica…

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Ni juzgues, que ni conoces (primera parte)

Recuerdo a la memoria de Emi

Saludos, mi nombre es Emi y soy la nueva del grupo jeje… mucho gusto.

Bueno, siendo esta mi primera publicación, me gustaría empezar con algo personal, para que conozcan un poco más de mí y algunas percepciones propias sobre un tema social muy sonado en algunas estadísticas de nuestro país en los últimos años. Esta es la s*EMI*-trágica historia de cómo pasé de ser una estudiante universitaria destacada, a convertirme en una vil NiNi…

Todo fue culpa de las drogas, el alcohol y el rock and roll… jaja mentiras, no soy tan “chida”. En realidad no bebo nada de alcohol y puedo contar con los dedos de una sola mano las veces que he fumado. Y mi experiencia con drogas más “pesadas” es nula, NI ilegales NI prescritas han tocado mis virginales labios (les doy chance de alburearme) NI entrado a mi torrente sanguíneo o invadido mis fosas nasales. La única sustancia a la que soy severamente adicta es a la leche con chocolate en polvo de una marca muy específica, la cual no nombraré porque NI que me pagaran por hacerles propaganda, aunque deberían. En fin…

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La educación y las nuevas tecnologías

Recuerdo que cuando era niña, cada vez que hacía una tarea de investigación sacaba todos los libros que tenía mi mamá, luego iba a visitar la casa de mi tía, a veces la biblioteca de la preparatoria e incluso una qué otra vez mi mamá le pedía prestados libros a los vecinos, por si no encontraba las tareas.

Cuando era niña todas mis tareas de investigación las sacaba de libros o de las clásicas «láminas» de la papelería más cercana. También recuerdo que a veces las señoritas que brindaban atención en la papelería se tardaban mucho tiempo en encontrar la lámina o la «biografía» que buscaba y yo nerviosa porque ya quería terminar la tarea para que mi abuelita me dejara ver la televisión a gusto.

También recuerdo que hace un par de años cuando me alejé un poco de la escuela y me empecé a dedicar al trabajo me atreví a decir «Qué fácil parece ser estudiante ahora, con celulares, computadoras laptops y un montón de cosas a tu disposición». Después cuando entré a estudiar me di cuenta que ninguna tecnología puede sustituir tu ingenio, creatividad, curiosidad y capacidades propias, pero ¡Ah cómo ayudan!

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La Chucha

Hola amigos, yo soy Akami y esta es la primera vez que escribo en Mulieres Aequanimitas. Pueden encontrar todo sobre mi existencia en la red en las páginas de about.me.

Uno de mis hobbies es escribir cuentos (muy de vez en cuando). Lo hago como una forma de catarsis, y lo hago solamente cuando me surge una idea desde el corazón. A menudo mi fuente de inspiración son mis sueños o historias que otras personas me han contado. Utilizo este género porque es corto y lo considero sencillo de escribir.

El siguiente cuento está basado en una anécdota que me contó la señora Rita, lo publiqué originalmente en mi blog de anécdotas personales, el cual espero que algún día visiten.
El viento frío me pega en la cara, me gusta esa sensación y me recuerda a cuando salía a correr con la Diana y nuestros amigos. Al recordar esos momentos felices casi me olvido del día tan malo que he tenido hoy, por un rato se desaparece la sensación de esta mañana cuando se me rompió mi corazoncito y la de los brincos incómodos que pega esta camioneta en la que voy trepada y este olor a chiquero. Nunca pensé que así olería la muerte.