Y todos decimos adiós

Un día tuve un sueño, en el veía a una vieja amiga que me visita con frecuencia; mi amiga, tan amable como siempre, me llevo a su jardín, este era grande, con pastos muy bonitos, árboles frutales y muchas flores.

En el centro había una sala de jardín, de esas metálicas en color blanco, con una mesa llena de galletas y pasteles, alrededor, el jardín estaba protegido por una enorme barda color amarillo suave, pero en uno de los lados solo se veía el jardín infinito que topaba con el sol de mediodía.

A pesar, de que en aquel instante el lugar estaba vacío, parecía que se estaba esperando a alguien, a lo que le pregunte:

– ¿Esperamos a alguien?-  ella dijo:

– Si, a muchas personas, hoy tenemos una fiesta de despedida.

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