Cuento: la tarea del gato

Una herramienta importante que fortalece la creación literaria en los escritores es el dominio de las técnicas narrativas. Una técnica narrativa es un conjunto de métodos que el autor de una historia utiliza para transmitir la trama al lector. Existen diversas técnicas y en este apartado analizaremos el uso de cuatro de las más frecuentes: acumulación, encadenamiento, repetición y agotamiento del tema.

La acumulación es un recurso utilizado en novelas y cuentos breves para añadirle características a los personajes y a los diversos ambientes. Un ejemplo claro se puede observar en la novela “Noticias del Imperio “del reconocido escritor Fernando del Paso. El capítulo introductorio es un monólogo de la emperatriz Carlota, dónde cada que se refiere a si misma menciona sus nombres:

[… Yo soy María Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y de América. Yo soy María Carlota Amelia, prima de la Reina de Inglaterra, Gran Maestre de la Cruz de San Carlos y Virreina de las provincias del Lombardovéneto acogidas por la piedad y la clemencia austríacas bajo las alas del águila bicéfala de la Casa de Habsburgo. Yo soy María Carlota Amelia Victoria, hija de Leopoldo Príncipe de Sajonia-Coburgo y Rey de Bélgica, a quien llamaban el Néstor de los Gobernantes y que me sentaba en sus piernas, acariciaba mis cabellos castaños y me decía que yo era la pequeña sílfide del Palacio de Laeken. Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina…] (Del Paso, 1987)

La repetición es una de las figuras literarias más utilizadas y su función es dar énfasis a una idea o expresión, se utiliza en verso y en prosa y consiste en repetir una palabra o frase al principio de cada oración o párrafo para dar inicio a una idea. En el ejemplo anterior encontramos esta técnica al inicio de las oraciones “Yo soy María Carlota”.

El encadenamiento se está contando una historia completa entrelazada con una serie de historias pequeñas, en el caso anterior se observa como Carlota se está describiendo y al mismo tiempo está contando breves parajes de su vida.

El agotamiento del tema consiste en utilizar todos los elementos que existen sobre un tema y enumerarlos, si se considera el multicitado ejemplo de Fernando del Paso, en este fragmento sobre Carlota se denota como se ha ido agotando las características de su vida y los hechos relevantes que le interesarían al lector.

A continuación, presentaré un breve texto de mi autoría, en un párrafo estarán presentes las cuatro técnicas explicadas con anterioridad.

La tarea del gato

Fotografía tomada por la autora del este cuento.

La tarea del gato

Mírate, Micho, qué sucio has llegado, de seguro te fuiste a la finca abandonada a cazar ratones. Quiero contarte algo antes de bañarte, ayer tuve un mal día en la escuela, mírate esos arañazos, pues ¿qué estabas haciendo?; estuve intentando resolver un problema de combinatoria y otro de progresiones aritméticas, estaba muy bloqueada, mírate ¡cómo te mordieron la cola! antes no te la fracturaron. El problema de combinatoria era muy sencillo y tenía una aplicación a redes topológicas, mírate esas lagañas, no te preocupes que te bañaré con agua calientita; lo único que tenía que resolver era la cantidad de combinaciones posibles para una red en malla, mírate esas uñas tan largas, te las cortaré después de bañarte. Estaba tan bloqueada que no se me ocurría la solución, y en realidad era muy sencilla, mírate ¡cómo estás lleno de polvo! ¡al agua, patos! No te enojes, no me arañes, no llores, no intentes huir; al final el ingeniero nos tuvo que dar pistas para resolver el problema, mírate tienes pulgas, no me muerdas, necesitas estar limpio para que no se te infecten las heridas. No pude resolver un problema de progresión aritmética, ¿puedes creerlo? Era una simple sumatoria, mírate, hasta cambias de color con el agua, que bonito te ves enjabonado, ya hasta recuperaste tu color blanco nieve.  El ingeniero nos daba más pistas, nos hablaba de Gauss, de Pascal y yo estaba tan bloqueada que no podía descifrar una simple sumatoria. Mírate lo lindo que estás quedando, déjame enjuagarte con calma, no te vaya a quedar jabón en las orejas. Al final nos reunimos los seis alumnos de la clase y comenzamos a resolver los problemas en equipo, el ingeniero mencionó que nadie trabaja individualmente en el mundo laboral, mírate que mojado estás, déjame secarte, no quiero que te resfríes. Teníamos pistas, más no podíamos descifrar nada, mírate no llores, es sólo azul cicatrizante para curar tus heridas, no quieras huir, aún te tengo que cortar las uñas. ¿Qué crees que pasó? Pues, nada que terminó la clase y no resolvimos los problemas, el ingeniero rio a carcajadas y nos dejó los ejercicios de tarea, mírate esas uñas tan largas, no te muevas, que te puedo lastimar. Al salir del salón de clases, recordé las fórmulas y las respuestas, ¿puedes creerlo? Listo, mírate qué mono quedaste, espera, no te vayas a la finca abandonada, no Micho, ¡para allá no! ¡te volveré a bañar cuando regreses!

Referencias
Del Paso, F. (1987). Noticias del Imperio. México: Fondo de Cultura Económica.

Cuento: Homo sapiens

La metáfora es un elemento de la literatura que le da un significado distinto a una expresión de lenguaje. La palabra “Metáfora” tiene su origen en el vocablo latino: metaphŏra, y este a su vez del griego μεταφορά y significa: traslación del sentido recto de una voz a otro figurado. Este recurso literario aparece en la poesía, y es parte esencial de ella, no obstante, también es utilizado en la narrativa.

Un claro ejemplo del uso de la metáfora en la narrativa se encuentra en el cuento de Octavio Paz, “La Ola”, en el que toma un elemento como lo es una ola de más y lo traslada a un personaje humanizado que podría ser una mujer a la que el autor describe como “esbelta y ligera”. A continuación, presentaré un cuento breve de mi autoría, el cual presenta el uso de la metáfora como técnica para la escritura creativa.

Homo Sapiens

«El tráfico de la ciudad es la versión moderna de las estampidas de carácter animal»  Jumbo

Omo era un Homo sapiens quien arribó a la jungla de asfalto; había escapado de la monotonía y se aventuró a conocer nuevos escenarios fuera de su zona de confort. Entre aquel escabroso panorama comenzó a buscar sustento: agua, alimento, refugio y la sensación de protección que brinda el calor humano.

El individuo de instintos primitivos tuvo como reto adaptarse a un inhóspito ecosistema, para ello cruzó ríos plagados de tiburones, pirañas y algunos choferes furibundos del transporte público; cruzó montañas y se quedó un par de veces atorado en los elevadores viejos de algún edificio antiguo.

La soledad en ese salvaje paraje era sumamente peligrosa. Omo era un ser social, así que para augurar su supervivencia se tenía que incorporar a algún gremio. Cada Clan exigía diferentes ritos de iniciación, pero todos tenían como principal encomienda entrar y salir victorioso por una hostil cueva llamada Universidad.  

Universidad era un lugar oscuro, húmedo y repleto de diferentes tipos de depredadores: dinosaurios longevos, arpías crueles, serpientes de venenos letales, y los buitres: entes carroñeros que no dejaban pasar la oportunidad para devorar carne pútrida.

Salir ileso de aquella agreste cueva parecía un reto inalcanzable, no obstante, Omo luchó con perspicacia contra todos los dinosaurios. En primera instancia con ingenio amistó con los herbívoros, quienes convencieron al resto de los réptiles de no sacarle las entrañas al Homo sapiens.

En la travesía por la cavidad, las ponzoñosas serpientes atacaron a Omo, él se libró de muchas de ellas, sin embargo, en una atroz distracción una víbora lo mordió. La alimaña dejó al Homo Sapiens paralizado durante un semestre. La recuperación fue larga y dolorosa, pero Omo logró ponerse en pie para continuar con su misión, no abdicaría en su cometido para formar parte del nuevo clan.

El final de la oscura cueva se acercaba, la mayoría de homo sapiens no sobrevivían a la batalla final. Pero Omo se empeñaba con esmero y estaba preparado para lo que viniera. La última afrenta sería contra el líder de los orangutanes, una enorme bestia sin escrúpulos, pero no era una justa lucha cuerpo a cuerpo, sino que otro séquito de orangutanes resguardaban al líder, entre ellos destacó el más agresivo: Orangután Alba, quien dio toda una lección de moral a Omo, lo obligó a usar investiduras dignas del combate (corbata y saco).

Una pelea ardua, en la que Omo tuvo que demostrar todas sus habilidades, poner en evidencia el esfuerzo que lo había llevado hasta ese punto de la cueva. Entre sudor, lágrimas y sangre, después de vencer a cada uno de los orangutanes ahí presentes, Omo se pudo pronunciar victorioso de aquella batalla.

La celebración fue espectacular: el orangután mayor le otorgó a Omo el título de valentía por haber sobrevivido a las adversidades de aquella cavidad. Hubo mucho que festejar, entre bailes y champán, los demás miembros homo sapiens acogían a Omo dentro de su gremio. Aquella noche fue una gran gala que viviría en la memoria de muchos en la  jungla.

Sin embargo…

El destino da muchas volteretas, parecía que la cueva era un entorno bestial, pero cuando Omo por fin salió a la jungla de asfalto las tempestades se tornaron aún más agresivas.

Aquella selva era un territorio plagado de crueldad. Omo no sabía a lo que se enfrentaba, pero en el lugar residían las bestias más feroces, aquellas alimañas sin escrúpulos acabaron en un instante con la vida del homo sapiens.

Fue una manada de lobos quien en un momento devoró cualquier esperanza que pudiera vivir en el interior de Omo. Lo mordieron y golpearon hasta acabar con su vida, devoraron su carne y bebieron su sangre. Los carroñeros fueron los encargados de terminar con las entrañas del homínido.

Entre lo más profundo de la selva de asfalto yace la osamenta de aquel homo sapiens que salió victorioso de Universidad y fue asesinado en la hostilidad de la jungla.

Fuente de la imagen destacada: Ciudad de Amsterdam, 2013 Elaboración de Isabel Rivera.

El poder de las palabras

En su poema Las Palabras, Pablo Neruda hace una oda al lenguaje: «Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas…»

El idioma castellano tiene un sin fin de bellos fonemas y a lo largo del tiempo se han calificado de distintas maneras. Cuando se le da un adjetivo cualitativo a una palabra, tal como bello u horroroso, se comete un acto totalmente subjetivo, no obstante, existen diferentes concursos para cibernautas, organizados por instituciones como la escuela de escritores de Madrid o el Instituto Cervantes, cuyo principal objetivo es cualificar la belleza de las palabras.

¿Qué sería de la literatura sin la belleza de las palabras más hermosas?; lo que más me asusta es la literatura sin el horror de las palabras más desagradables. Una de las técnicas narrativas que se utilizan en la creación literaria es escoger una serie de palabras que nos disgustan fonéticamente o por prejuicio inclusive. La técnica consiste en escoger de cinco a seis palabras que sean horrorosas, y a partir de ellas elaborar una historia de amor. La otra parte de la técnica tiene como objeto seleccionar las palabras que sean más agradables y con ellas se escribe un cuento de terror. Esta técnica ayuda a que se trabajen ambos hemisferios del cerebro. A continuación, presentaré la primera parte de este trabajo: una historia de amor con palabras desagradables asignadas por mi compañera del taller de escritura creativa.

Humanofilia

Hace algunos años, solía vivir en una lejana aldea a las afueras de Londres, donde una vez existió una colmena de abejas, con gran ímpetu de trabajar y colaborar. Formé parte de esta familia de insectos, fui una integrante de la abejera. Era un panal oscuro y silencioso, me encontraba habitando un entorno que se distinguía por la monotonía del trabajo y la dulce humedad de la miel.

Con el pasar de los días la vida se me extinguía, la flama de mi vitalidad se me apagaba con cada tarea rutinaria, incluso el brillo de mis alas se desvanecía gradualmente: a las seis de la mañana salía al campo a recolectar el polen; recorría todo el campo de flores hasta encontrar las más bellas, de las cuales escogía tres; succionaba su grano y regresaba al hogar común, siempre antes de las seis de la tarde, no podía llegar después, la colmena se cerraría y mi vida encontraría su fin en la helada oscuridad de la noche.

Las instrucciones de los mandos superiores retumbaban en mis tímpanos: ¡Deposita el polen! ¡Limpia los paneles! ¡Sube con la Reina! ¡Baja! ¡Corre! ¡Trabaja obrera! Vivía tan cansada de obedecer órdenes arbitrarias, el tedio le restaba sabor a la vida, me había quedado sin aspiraciones, sin pasión, sin fe. Lo único que deseaba en ese momento era morir, pero para eso también me hacían falta muchas agallas.

Entre mis paseos diurnos, una tarde me perdí, el miedo comenzaba a erizar mi piel. Había estado persiguiendo el púrpura de la lavanda y cuando terminé el más delicioso néctar que jamás haya alcanzado supe que estaba muy lejos de mi hogar.

Cuando el Sol comenzó a caer y se vislumbró la noche, pensé que mi vida se terminaría, parecía que el fin estaba por aproximarse y que la esperanza iba a morir. En un momento de lucidez a la lejanía divisé un recinto, podría resguardarme ahí por la noche, y evitar morir, aunque sabía que jamás podría regresar a la colmena, una de las reglas más importantes era pasar todas las noches en la colmena, quien dejara de acudir una sola vez, perdería el derecho de pertenecer a la comunidad.

Aquel lugar detrás del campo de lavanda expide un peculiar aroma que ha cautivado mis sentidos, es el olor del cacao, llegué a una fábrica de chocolate, dónde por primera vez me sentí viva: Ahí laboraba una mujer que me dejó atónita. Era una obrera, nunca mis ojos hubieron visto tal belleza, una mujer trabajadora; era lo más deslumbrante que jamás hubiera contemplado: los ojos grandes y ligeramente rasgados de color azabache; su cabello era largo y oscuro como la noche, caía en una cascada de caireles hasta alcanzar su cintura; era una chica de complexión media, de piernas bien torneadas y de brazos fuertes, con los que cargaba las cajas de chocolate; y su sonrisa me cautivó, tenía los dientes amarillentos, pero expresaba tal alegría que era imposible no contagiarse de ella.

Nunca había tenido religión, pero en ese instante, en mis ojos había nacido Dios: supe que por primera vez en mi vida me había enamorado de la criatura más bella creada en este mundo. Decidí establecerme en la fábrica de chocolates. Comencé a crear un nuevo panal y sin esperarlo, un grupo de colegas se había unido a mi causa. Ahora soy feliz en mi nuevo hogar, cada mañana

Palabras contextualizadas: abejas, oscuro, obedecer, agallas y religión.

 

Fuente de la imagen destacada: http://mundosalvaje.com.mx/abejas-costumbres-caracteristicas/

Trufas de chocolate blanco

Esta publicación la dedicaré a un cuento breve, que elaboré hace unos meses en un taller de cuento fantástico, la temática es sobre la mujer fantasma, seductora y mortal, también utilicé como técnica narrativa el efecto Coleridge.  Isabel Rivera González.

«¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor quizás. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar. Un fantasma, eso soy yo».

(El espinazo del diablo: Guillermo Del Toro)

Paula es una niña muy bonita de ojos grandotes, ella es la única que juega conmigo en el recreo, me lleva chocolates Raffaello, esas bolitas blancas, espolvoreadas de coco, las llama trufas de chocolate blanco; también me presta su muñeca de vestido perla, igualito al que ella usa, esponjoso como las nubes y con muchos olanes, todos los días lo usa, le ha de gustar mucho.

Paula vive en la punta de un cerrito detrás de los arbustos del patio de la escuela, no va diario al kinder, pero los días que me siento sola en los columpios viene desde su casa para hacerme compañía, cuando cruza por el jardín a lo lejos parece una rosa blanca entre las espinas.

Paula viene conmigo a casa y se queda a dormir, a veces me enojo mucho con mi papi porque no le quiere servir de cenar, dice que no servirá dos platos, pero no importa, a mi amiguita no le molesta compartir mi comida. Ella duerme en mi cama y cuando hay truenos me abraza fuerte para que no me de miedo, pero nunca está por las mañanas, siempre se va muy temprano.

Todos los días me despierto con el grito de mi papi:

—¡¿Te orinaste otra vez?!

—Papi, yo no quería, no me di cuenta, perdoname papi.

Desde que mamá se fue al cielo, mi papá llega tarde y siempre se cae con el buró de la entrada, aunque Paula lo acomoda para que no estorbe.

***

—No pagaré ni un centavo a esos terapeutas charlatanes, mejor me desahogo con el cantinero, siempre me hace buenas promociones con el mezcal— Le balbuceo a un tipo sentado del otro lado de la barra que me observa sin decir una sola palabra.

Procuro llegar temprano a casa, me molesta que María mueva el buró todos los días, siempre me tropiezo al entrar. Amo a mi pequeña, pero desde que nos hace falta su madre me cuesta mucho trabajo cuidarla, he olvidado ir por ella al colegio un par de veces, me preocupa que regresa sola a casa aunque sólo sean 5 calles, ella dice que no me preocupe que puede regresar sin mí, ya hasta se inventó una amiga imaginaria que la acompaña.

No quiero enojarme con María, pero aún se orina en la cama, tiene cinco años, mi amigo el cantinero me dice que es el trauma por la pérdida de su madre, me ha recomendado que busque un terapeuta especializado en niños, pero no lo haré, yo también perdí a su madre y no lo estoy pasando tan mal, esperaré a que crezca, quizás con los meses se le pase.

***

Paula me invitó a su casa, mi papi no quiere dejarme ir, dice que ella no es de verdad, que yo me la imagino, y que no tiene casa. Pero yo se que mi amiga si es de verdad, su casa es muy bonita, está arriba de un cerrito, se puede ver desde el patio de la escuela, es azul, el cielo se la come por las tardes, pero si pones mucha atención se alcanza a ver entre las nubes.

Hoy papá llegará tarde, los martes va a terapia con el señor de la cantina. Paula me invitó a cenar, iré a su casa, no le diremos a mi papi será nuestro secreto.

Paula me toma de la mano al salir del Kinder y corremos a los arbustos, cruzamos  para ir a su casa que se ve hermosa  entre las nubes, es como si flotara en el cielo. Para llegar hay laderas empinadas y mi amiguita me sostiene del brazo para no caernos, es chistoso como sus zapatitos blancos y los olanes de su vestido nunca se llenan de tierra, siguen igual de bonitos.

Me estoy cansando mucho por tanto subir, mis piernitas están temblando y no tengo tantas fuerzas para continuar:

—Paula, amiguita, me estoy sintiendo mal, casi no puedo respirar y mis piernas están temblando mucho, ¿Podemos descansar?

—María, quiero que vengas a donde vivo, te prometo que te va a gustar mucho, es un lugar muy bonito, pero tenemos que darnos prisa para llegar pronto.

—Paula ya me cansé, y está muy empinado, tengo miedo de caerme— Le dije a mi amiga en tono molesto mientras me sentaba en una roca, ella me sostuvo del brazo en todo momento.

—María, te prometo que es un lugar muy bonito, si quieres regresarte en este momento puedes hacerlo, pero entonces no podré contarte un secreto.

—¿Qué secreto? a mi me gusta averiguar los secretos.

—Está bien María, te lo contaré, pero tienes que prometerme que vendrás conmigo.

—Sí, te lo prometo, no se lo diré a nadie.

—Pues el secreto es que tu mami vive en mi casa.

—¿Cómo? mi mami se fue de mi casa para irse a vivir contigo— Mis lagrimas rodaron por mis mejillas, mientras el cielo se nubló, no podía creer que mi mamí me haya abandonado para irse a vivir con Paula.

—María no llores, no lo hizo a propósito, fue porque así lo quizo el destino, ella no te abandonó, pero ahora tienen que vivir allá en la montaña, pero si vienes conmigo podremos vivir juntas.

Estoy muy contenta de volver a ver a mi mami, me levantó de la piedra y me sostengo con mucha fuerza del bracito de Paula, juntas caminamos hacía la casa de las nubes. Sin querer me tropiezo con la raíz de un roble, mi pie se dobla, siento que me caigo y Paula me suelta de la mano, lo único que puedo sostener son los olanes, pero todo su vestido se rompe, y comienzo a rodar por la ladera…

***

Salí de la cantina cuando recibí una llamada: me hablaron del kinder de María, no se si estaba borracho, pero en ese momento dejé de estarlo. Me dijeron que  mi niña se había salido de la escuela para caminar por la Barranca; se cayó, sufrió múltiples fracturas, y golpes craneales, la tenían hospitalizada.

Comienzo a llorar y el cielo nublado me acompaña, llego al hospital empapado por la lluvia, y la desesperación se apodera de mis entrañas cuando pregunto por mi hija, una enfermera me aclara la situación, me explica que los médicos optaron por inducir un coma.

La enfermera me entrega las pertenencias de María, era su ropa y un vestido color perla de olanes intacto, pulcro, sin una rasgadura, jamás había visto este vestuario en toda mi vida, no podía ser de mi niña…

 

Referencias

Fuente de la imagen destacada: recetario demos la vuelta al día. “Trufas de chocolate blanco con coco” http://www.demoslavueltaaldia.com/receta/trufas-de-chocolate-blanco-con-coco

Trascender

En esta ocasión solo quiero compartirles un breve cuento, sobre la trascendencia, espero les guste.
Una anciana que vivía en un pueblo muy pequeño la cual todos conocían porque siempre estaba sentada vendiendo flores en la esquina, un día vio un gran gentío por las calles y pensó en ir a ver qué era lo que estaba pasando.

– ¿Qué es lo que está pasando? Le pregunto a una mujer que venía entre la gente y ella con cierta repugnancia le dijo.

– No creo que te interese, es un líder espiritual muy famoso. Tú para que quieres estar aquí, deberías regresarte a tu esquina. Ese es tu lugar. la pobre anciana solo le contesto

– Muchas gracias Sigue leyendo