Identidad individual (La diversidad es asimétrica, Vol. 2)

La frase que acompaña entre paréntesis a esta serie de textos forma parte de un aforismo de Carlos Monsiváis: “La razón de ser de la unanimidad no tiene que ver con la política, sino con la estética (la diversidad es asimétrica)”. La frase la conocí en un punto en mi vida en que luchaba contra la depresión y el pensamiento suicida. Durante una sesión de terapia comenté que me es indiferente la “tolerancia”, y que andar por la calle muchas veces representaba una buena cantidad de miradas impertinentes que, a mi parecer, son el menor de los males pero que, a juicio de mi terapeuta, son tan graves como las agresiones verbales o cualquier otra forma de agresión.

El cerebro humano, hasta donde sabemos, no es determinista, sino heurístico, lo que en términos simples significa que nuestra mente toma el camino más corto posible para tomar decisiones y relacionar las experiencias nuevas con las anteriores.

La percepción que tenemos de la vida es, entonces, principalmente prejuiciosa, y no imparcial o racional, como solemos pensar. Eso quiere decir, también, que en lugar de entender las cosas como “nuevas”, nuestra mente intentará colocarlas en alguna categoría conocida. Sigue leyendo

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El significado de no tener significado

“La vida no tiene ningún significado intrínseco”, es una idea que desde hace mucho tiempo tengo y que he ido reforzando con el paso de los años. La vida es interpretada por las personas de muchas formas: a través de la fe, a través de la esperanza, a través de la familia, a través de los principios, a través de los propósitos, a través del conocimiento, a través de la reflexión. Ninguna vertiente es mutuamente excluyente, aunque hay algunas que es difícil hacer convivir en una misma persona.

Podría divagar sobre las razones por las que ninguna de esas vertientes me ajusta pero, para el objetivo de este texto, es irrelevante. Me interesa, en cambio, reflexionar acerca de lo que sucede cuando una persona no encuentra significado. Sigue leyendo

Fantasías revolucionarias de ayer y hoy

Hace unas semanas vi a Paco Barrios, “el Mastuerzo”, dando una tocada con su actual banda, Los jijos del maíz. Como si no tuviera suficientes señales de mi edad con la caída de cabello, los efectos devastadores de una borrachera y la cada vez más marcada ignorancia del lenguaje coloquial actual, me di cuenta que extrañaba escuchar rock nacional interpretado como se debe, como en mis tiempos.

Si, ya sé…sueno ruquísima expresándome de esa forma, pero no puedo evitar pensar que el rock actual, aún el más independiente, tiene tanta ligereza entre sus notas, que no dejo de escuchar las mismas historias rosas en todos los géneros, contadas siempre de la misma forma.

Mientras las decenas o centenas de banditas nuevas viven sus fantasías rockstar y sueñan convertir sus repetitivas canciones en dinero, yo doy la mano al Mastuerzo y le felicito por su larga y “exitosa” carrera. Pongo “exitosa” entre comillas porque el éxito es relativo, “exitosa para el arte” fue lo que le dije respecto a su trayectoria. Sigue leyendo

En soledad

En soledad miro un punto en el techo. En soledad miro un punto que es una araña. En soledad mato una araña en el techo, no por querer matarla, sino simplemente por miedo a su (in)discreta presencia. En soledad bebo un trago de vodka prohibido. En soledad me desnudo y veo TV. En soledad arranco vellos indeseables y hago de mí una contorsionista en un cuadro espantoso. En soledad escribo indecencias eróticas para anónimos personajes ocultos tras fotos distorcionadas. En soledad pongo en orden varios días de desidia amontonada en una silla (desnuda, siempre desnuda, pues en soledad no hay ojo al que el atuendo le haga falta). En soledad me salto el tedio con pornografía y masturbación. En soledad leo sobre los dioses mayas, sobre los dioses mexica, sobre sus creaciones. En soledad escribo al blog. En soledad me aburro. En soledad mis vergonzosos sueños toman forma. En soledad me pregunto si la soledad puede dar más que soledad. En soledad me pregunto si un texto demasiado honesto y crudo no deja una marca amarga, una forma de decepción, una idea risible de mi humano, mundano, acomplejado ser.

Mon Yumeé

Identidad democrática (La diversidad es asimétrica Vol. 1)

Democracia es uno de esos conceptos acerca de los cuales siempre hemos tenido una idea positiva, independientemente de si se cuenta con ella o no. Nos la inculcan en la escuela, se defiende en guerras, se considera un logro del pensamiento humano y nos la ponen hasta en la sopa en temporada electoral. La consideramos un privilegio por encima de las dictaduras, de los imperios, de los cacicazgos, y exigimos (más o menos) su respeto.

Hablando sobre inclusión, una amiga hizo una observación que, en principio, me dejó helada. Ella dijo algo similar a esto: “no digo que la gente trans no luche, pero no van a llegar muy lejos en sus exigencias, no son mayoría, así funciona la democracia”. No dudo que, para algunas personas, esta afirmación tenga algo de fascista, pero quitando mi reacción emocional inmediata, no tenía un argumento racional contra ella. Sigue leyendo

Preguntas y respuestas correctas

Recientemente cambié de empleo. Lugar nuevo, gente nueva y condiciones totalmente distintas a las de antes. Desde que tomé la decisión de expresar mi identidad de género mixto y fluido en todos los ámbitos de mi vida, nunca había recibido preguntas directas sobre alguno de los aspectos de tal expresión hasta hace más o menos un mes, que una persona en el trabajo preguntó por qué me pinto las uñas y por qué las uso largas, lo que me hizo pensar en dos cosas: 1) la “confianza” de la gente conocida la hace más desconfiada o más “prudente”, y 2) no había pensado nunca una respuesta breve para explicar nada relacionado a mi persona.

En esta ocasión hablaré sobre lo segundo. Lo que pasó por mi mente fue un agresivo “porque quiero y porque puedo”, aunque, por motivos de practicidad di una respuesta evasiva y vaga. La idea se quedó rondándome la mente, y después de un rato llegué a la conclusión de que la respuesta correcta a la pregunta que me hicieron es “he tenido el valor de responderme las preguntas correctas”. Sigue leyendo

Sobre depilación y otras feminidades controvertidas

Últimamente me he preguntado qué tan frecuente es el interés legítimo de un hombre por utilizar prendas, accesorios y/o prácticas de cuidado personal aceptados como femeninos por nuestra sociedad. Es más o menos bien conocido que el movimiento de Liberación Femenina trajo, entre otras cosas, una relajación de las normas de vestir correspondientes a la mujer, pero dimensionar una liberación estética de la masculinidad no parece ser de interés general.

Recientemente platicaba con una amiga sobre depilación y me hizo notar un hecho que yo había pasado por alto hasta entonces. Me comentó que su esposo practica boxeo y que a razón de ello se depila gran parte del cuerpo. Entonces me di cuenta que, a pesar de que la depilación es algo tan común para muchos deportistas, no me parece que dicha práctica se relacione naturalmente con ellos, ni que el resultado estético sea algo que muchos hombres fuera del ambiente deportivo estarían dispuestos a imitar, sin importar cuántos desearían hacerlo. Sigue leyendo

Una avalancha, un incendio (final)

La vuelta a los encuentros, demoledora; los intentos por detener tales encuentros, inútiles y casi de inmediato inexistentes. Pasan las horas de ausencia entre angustia y frustración. Las incursiones son cada vez más arriesgadas y la existencia de un secreto es cada vez más evidente; aquellos encuentros que fueran fugaces e inocentes visitas, se convierten en vertiginosa exploración a lugares recónditos y desconocidos del alma.

Con la angustia y la frustración llega finalmente la culpa, y la carga del secreto se vuelve a cada instante más pesada. Desconocidos y extraños anónimos detrás de las redes sociales se vuelven válvula de escape, pero en ellos aquel hombre solamente encuentra insinuaciones de un mundo ajeno, sugerencias y consejos sobre una vida que, aunque superficialmente atractiva, le resulta finalmente incómoda. Sigue leyendo

Una avalancha, un incendio (primera parte…)

Un hombre, sin saber cuándo ni como, se encuentra un día cualquiera con una amiga del pasado, una chica a la que hacía muy buenos años no había visto. No la saluda con gusto ni con displicencia, pero está definitivamente sorprendido de verla (y de inmediato se arrepiente y tiene unas irrefrenables ganas de abrazarla). Muchas, muchísimas cosas han pasado desde aquella (quizá no tan) tierna infancia en que se conocieron, y da por hecho que su propia persona no es, ni de lejos, la que era entonces.

El hombre debería admitir que se encuentra nervioso (lo hará de inmediato, pero pensará que cualquier sorpresa merece un sobresalto de tal naturaleza). Algo en la emoción de tal encuentro se percibe como una afronta al buen juicio, pero ciertas percepciones, sobre todo las más difusas o las de más reciente aparición, son apenas más llamativas que una comezón.

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