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Hace algún tiempo, escribí un cuento que siempre tuve ganas de continuar; María

Esta es la primera parte de la  continuación de María, cada mes iré subiendo nuevas partes hasta concluir, espero lo disfruten.

Despertar del espíritu errante dormido.

Una noche fría, María despertó con las manos heladas y parada junto a la puerta de su casa, sentía en el pecho un enorme vacío que llegaba a dolor, la boca le sabía a tierra y sus ojos estaban llorosos.

Durante toda la semana María despertaba a la misma hora, en el mismo lugar y con las mismas características, y sin recordar por qué estaba ahí.

María estaba muy intrigada por esta situación, por más que hacía memoria no podía recordar el sueño o la razón por la que se levantaba dormida.

Una noche, sintió los tobillos húmedos y fríos y esto la hizo despertar de sobre salto, María estaba parada a la orilla del río, había caminado dormida y otra vez sin saber por qué.

María estaba muy intrigada y asustada para regresar a su hamaca como las otras noches, así que se sentó en una piedra y comenzó a ver el agua del río que corría lentamente,  reflejando una luna plateada enorme y hermosa.

Estaba perdida en esa visión, cuando sintió dentro de su vientre un impulso tremendo de caminar…

María era muy feliz en el lugar donde vivía, lugar al que había llegado mucho tiempo atrás, se había hecho de una casa, tenía amigos y un trabajo, aparentemente una vida normal.

María estaba tan contenta y tan cómoda que había olvidado su origen, la parte de su alma que pertenecía a esa raza de seres que andan por el mundo. Pero cuando uno pertenece a esa estirpe, tarde o temprano la necesidad de echarse a andar resurgirá.

María quería contener esa sensación, quería quedarse, estaba contenta y trataba de dominar esas ganas de caminar.

Desde esa noche, cada día que pasaba el impulso en el vientre de María se hacía más y más fuerte y  ya no hallaba cómo aquietar.

María quería quedarse y le costaba entender que no fue hecha para hacerlo…

Una noche, María no podía conciliar el sueño, la inquietud de su alma la hacía dar vueltas sobre su hamaca, sus pies, ahora activos como nunca, ansiaban el piso, querían andar y andar.

María no pudo más, y como hace mucho tiempo atrás, siguió su impulso y se echó a andar, así, sin avisar, caminó por la noche oscura de luna nueva con los pies descalzos y agarrándose las enaguas.

Habían pasado varias horas mientras María caminaba, estaba triste por lo que dejo pero por otro lado, a cada paso que daba se sentía viva, una extraña energía le recorría el cuerpo y le daba calor y color a sus morenas mejillas, María sentía que sus ancestros la llamaban, que le gritaban desde sus entrañas que siguiera caminando, y así lo hizo, María se echó a caminar al mundo una vez más…

Continuará…

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