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Esta publicación la dedicaré a un cuento breve, que elaboré hace unos meses en un taller de cuento fantástico, la temática es sobre la mujer fantasma, seductora y mortal, también utilicé como técnica narrativa el efecto Coleridge.  Isabel Rivera González.

«¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor quizás. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar. Un fantasma, eso soy yo».

(El espinazo del diablo: Guillermo Del Toro)

Paula es una niña muy bonita de ojos grandotes, ella es la única que juega conmigo en el recreo, me lleva chocolates Raffaello, esas bolitas blancas, espolvoreadas de coco, las llama trufas de chocolate blanco; también me presta su muñeca de vestido perla, igualito al que ella usa, esponjoso como las nubes y con muchos olanes, todos los días lo usa, le ha de gustar mucho.

Paula vive en la punta de un cerrito detrás de los arbustos del patio de la escuela, no va diario al kinder, pero los días que me siento sola en los columpios viene desde su casa para hacerme compañía, cuando cruza por el jardín a lo lejos parece una rosa blanca entre las espinas.

Paula viene conmigo a casa y se queda a dormir, a veces me enojo mucho con mi papi porque no le quiere servir de cenar, dice que no servirá dos platos, pero no importa, a mi amiguita no le molesta compartir mi comida. Ella duerme en mi cama y cuando hay truenos me abraza fuerte para que no me de miedo, pero nunca está por las mañanas, siempre se va muy temprano.

Todos los días me despierto con el grito de mi papi:

—¡¿Te orinaste otra vez?!

—Papi, yo no quería, no me di cuenta, perdoname papi.

Desde que mamá se fue al cielo, mi papá llega tarde y siempre se cae con el buró de la entrada, aunque Paula lo acomoda para que no estorbe.

***

—No pagaré ni un centavo a esos terapeutas charlatanes, mejor me desahogo con el cantinero, siempre me hace buenas promociones con el mezcal— Le balbuceo a un tipo sentado del otro lado de la barra que me observa sin decir una sola palabra.

Procuro llegar temprano a casa, me molesta que María mueva el buró todos los días, siempre me tropiezo al entrar. Amo a mi pequeña, pero desde que nos hace falta su madre me cuesta mucho trabajo cuidarla, he olvidado ir por ella al colegio un par de veces, me preocupa que regresa sola a casa aunque sólo sean 5 calles, ella dice que no me preocupe que puede regresar sin mí, ya hasta se inventó una amiga imaginaria que la acompaña.

No quiero enojarme con María, pero aún se orina en la cama, tiene cinco años, mi amigo el cantinero me dice que es el trauma por la pérdida de su madre, me ha recomendado que busque un terapeuta especializado en niños, pero no lo haré, yo también perdí a su madre y no lo estoy pasando tan mal, esperaré a que crezca, quizás con los meses se le pase.

***

Paula me invitó a su casa, mi papi no quiere dejarme ir, dice que ella no es de verdad, que yo me la imagino, y que no tiene casa. Pero yo se que mi amiga si es de verdad, su casa es muy bonita, está arriba de un cerrito, se puede ver desde el patio de la escuela, es azul, el cielo se la come por las tardes, pero si pones mucha atención se alcanza a ver entre las nubes.

Hoy papá llegará tarde, los martes va a terapia con el señor de la cantina. Paula me invitó a cenar, iré a su casa, no le diremos a mi papi será nuestro secreto.

Paula me toma de la mano al salir del Kinder y corremos a los arbustos, cruzamos  para ir a su casa que se ve hermosa  entre las nubes, es como si flotara en el cielo. Para llegar hay laderas empinadas y mi amiguita me sostiene del brazo para no caernos, es chistoso como sus zapatitos blancos y los olanes de su vestido nunca se llenan de tierra, siguen igual de bonitos.

Me estoy cansando mucho por tanto subir, mis piernitas están temblando y no tengo tantas fuerzas para continuar:

—Paula, amiguita, me estoy sintiendo mal, casi no puedo respirar y mis piernas están temblando mucho, ¿Podemos descansar?

—María, quiero que vengas a donde vivo, te prometo que te va a gustar mucho, es un lugar muy bonito, pero tenemos que darnos prisa para llegar pronto.

—Paula ya me cansé, y está muy empinado, tengo miedo de caerme— Le dije a mi amiga en tono molesto mientras me sentaba en una roca, ella me sostuvo del brazo en todo momento.

—María, te prometo que es un lugar muy bonito, si quieres regresarte en este momento puedes hacerlo, pero entonces no podré contarte un secreto.

—¿Qué secreto? a mi me gusta averiguar los secretos.

—Está bien María, te lo contaré, pero tienes que prometerme que vendrás conmigo.

—Sí, te lo prometo, no se lo diré a nadie.

—Pues el secreto es que tu mami vive en mi casa.

—¿Cómo? mi mami se fue de mi casa para irse a vivir contigo— Mis lagrimas rodaron por mis mejillas, mientras el cielo se nubló, no podía creer que mi mamí me haya abandonado para irse a vivir con Paula.

—María no llores, no lo hizo a propósito, fue porque así lo quizo el destino, ella no te abandonó, pero ahora tienen que vivir allá en la montaña, pero si vienes conmigo podremos vivir juntas.

Estoy muy contenta de volver a ver a mi mami, me levantó de la piedra y me sostengo con mucha fuerza del bracito de Paula, juntas caminamos hacía la casa de las nubes. Sin querer me tropiezo con la raíz de un roble, mi pie se dobla, siento que me caigo y Paula me suelta de la mano, lo único que puedo sostener son los olanes, pero todo su vestido se rompe, y comienzo a rodar por la ladera…

***

Salí de la cantina cuando recibí una llamada: me hablaron del kinder de María, no se si estaba borracho, pero en ese momento dejé de estarlo. Me dijeron que  mi niña se había salido de la escuela para caminar por la Barranca; se cayó, sufrió múltiples fracturas, y golpes craneales, la tenían hospitalizada.

Comienzo a llorar y el cielo nublado me acompaña, llego al hospital empapado por la lluvia, y la desesperación se apodera de mis entrañas cuando pregunto por mi hija, una enfermera me aclara la situación, me explica que los médicos optaron por inducir un coma.

La enfermera me entrega las pertenencias de María, era su ropa y un vestido color perla de olanes intacto, pulcro, sin una rasgadura, jamás había visto este vestuario en toda mi vida, no podía ser de mi niña…

 

Referencias

Fuente de la imagen destacada: recetario demos la vuelta al día. “Trufas de chocolate blanco con coco” http://www.demoslavueltaaldia.com/receta/trufas-de-chocolate-blanco-con-coco

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