Karate kid: a veces el corazón de la tortuga. Tercera parte

Hola amigos:

Este post es parte de una serie que he escrito los últimos 3 meses. Se trata de la traducción al español del cuento “Some Times the Hearth of a Turtle“[1], o por su título original en japonés “Gendai Geemu” (現代 ゲーム), que en español se puede traducir como “Juegos Modernos” pueden leer la primera y segunda parte aquí:

Primera parte

Segunda parte

Cuarta Parte

Este cuento fue escrito por el japonés Kenzaburō Ōe y trata de las aventuras de un joven llamado Daniel, quien entra al mundo del karate de la mano del Sr. Miyagi… ¡Así es!, en esta historia se basa la película “Karate Kid” que a tantos (como a mí) conquistó en los 80’s y 90’s.

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Daniel (c) 1984,  John G. Avildsen [2]

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Kezaburo Oe (c) Nobel Prizes [3]

Antes de entrar en materia con el cuento, me gustaría hablar un poco de Kezaburo Ōe. El maestro Ōe ganó el premio Nobel de literatura en 1994 y en la página oficial de los premios, se le describe con la siguiente leyenda:

“Quién con fuerza poética crea un mundo imaginario, donde la vida y el mito se condensan para formar una fotografía desconcertante del predicamento humano”.[3]

Ōe se considera uno de los exponentes más importantes de la literatura en su país, y según su biografía[4], llega a su cumbre como escritor debido a la experiencia que tuvo con la venida al mundo de su hijo Hikari, quien al nacer con un problema craneoencefálico le brinda a su padre una gran lección de vida; experiencia que podemos leer en su libro “Una cuestión personal” de 1964.

Bien, sin más, vamos a sumergirnos en el “la fotografía desconcertante del predicamento humano”.


A veces el corazón de una tortuga (3).

Después de decirle a Miyagi sobre su encuentro con Johnny, el oriental accedió a enseñar a Daniel el único estilo que sería capaz de derrotar al goshido-ryu, en los subterráneos Kumites de Montreal: “el kajido”.

Nunca antes hubo un estilo similar. Desarrollado en Okinawa por las esposas de los granjeros, fue preservado secretamente ocultando sus técnicas más letales en movimientos estilizados de trabajo casero. El nombre, literalmente, se traduce como “el camino de los trabajos del hogar”. Kajido.

Miyagi tenía otro estudiante. Era Grayson. Su personalidad extraña y sociópata y su inmunidad al dolor al mismo tiempo le causaba repulsión y excitación a Daniel.

– ¿Cómo puedo seguir el camino de Grayson? – le preguntó a Miyagui un día, mientras practicaba la técnica de “hacer la cama”, “deshacer la cama”.

– Encuéntrame cerca del estanque de carpas – respondió amablemente el oriental.

*

Se encontraron en el bosque. Para llegar allí, Daniel subió las colinas entre los árboles muertos y sus pasos crujían en la hierba de color marrón; bebió de un arroyo de la montaña muerta que sabía a libros impresos recientemente. La corriente subió sinuosa, como cayó su agua, que fluye desde las montañas volcánicas cuyos picos estaban ocultos bajo la luz del sol. Daniel dejó el banco de rocas para subir a las faldas de la montaña.

Jadeante, llegó a un claro que estaba rodeado solamente por un anillo de árboles bonsai. Su corazón latía con fuerza. No sabía lo que le esperaba.

Miyagi se sentó con las piernas cruzadas en el centro del anillo, borracho y meditando, una guitarra en su regazo. De repente, se levantó.

-Le debes hacer frente a tu mayor deseo. Si hablas dentro del anillo, si dices una palabra, nunca podrás desbloquear el secreto final del kajido.

Daniel se acercó al centro del anillo y se retiró de Miyagi. La guitarra estaba allí, esperando por él. La recogió y se sentó con las piernas cruzadas. Empezó a llover. Comenzó la tormenta.

Daniel interpretó una canción triste, sin palabras, que escribió cuando su padre fue asesinado por pandilleros de Malta. De repente, la chica del cabello dorado apareció en el lado oriental del anillo, su silueta borrosa por la tormenta.

Daniel vio que estaba sola y sabía que podría querer hablar. Miró hacia el suelo y fingió no verla; empezó a tocar la canción que escuchó en la noche cuando soñaba con ella.

Cuando alzó la vista, ella se puso de pie mirando hacia atrás, sentada a unos metros delante de él, a solas y aún bajo la lluvia. Había zarcillos húmedos de cabello dorado pegados a su frente y gotas de agua corriendo por su cara pálida y cayéndole de la barbilla y la punta de los dedos. Sus ojos, brillantes, negros  y profundos como lagos luz de la luna, se clavaron en ella sin asombro. Continuó jugando y ella comenzó a moverse, lentamente, y se puso a bailar, y comenzó a cantar una canción antigua en la lengua muerta de antiguos guerreros.

Su voz tenía las notas del aullido del viento en la cima de las montañas. Sus acordes poseían el temblor de un trueno a través de los valles. Y cuando su canción terminó, ella simplemente bailaba bajo la lluvia su solitaria música callejera; y cuando los acordes finalmente murieron se detuvo lentamente, una vez más, de pie delante de él y esperando.

Daniel casi hablaba, se atrapó a sí mismo sonrojado y buscó su guitarra.
Él apartó la mirada de sus ojos ardientes. Miró hacia abajo y se quedó observando el suelo y tocó un tono de niños tontos. Cuando por fin se atrevió a mirar hacia arriba su silueta brillante ya se desvanecía y era difícil de distinguir, al igual que las notas finales de una canción.

Daniel lloró. Miyagi volvió a su lado. – Ahora lo sabes -, dijo, – lo que es tener el corazón de la tortuga. Debe ser suave, como la cara de la tortuga es suave, pero debe ser firme, ya que los brazos de la tortuga lo son.

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Tortugas nadando (c) Universidad de Oxford [5]

*

A partir de ahí la formación de Daniel tomó un nuevo giro. Miyagi y Grayson regularmente lo golpeaban con un bastón de madera. Su cuerpo se volvió tan suave y flexible como la piel de la cara de una tortuga, y bajo masajes frecuentes sus músculos se volvieron elegantes.

Un día, en el puente de madera que cruzaba el estanque de carpas, Grayson y Daniel estaban practicando una kata de kajido intermedia: “lavar plato, secar plato”. El sol estaba en lo alto del cielo y el viento soplaba con fuerza, lanzando ondas sobre las cabezas de las carpas naranjas que nadaban perezosamente entre las plantas acuáticas. Miyagi se acercó.

-Ahora está listo-, dijo Miyagi, -para aprender la técnica de final del kajido. – Daniel se inclinó. Miyagi se dirigió hacia el otro extremo del puente y tomó una escoba. Volvió y se la entregó a Daniel.

– Barrer a la izquierda, barrer bien-, dijo, lo que demostró con movimientos de barrido agraciado pero de gran alcance, los músculos de sus brazos morenos se tensaron, las manos ásperas, callosas, se movían con sorprendente elegancia. Le entregó la escoba a Daniel.

“Barrer la izquierda, barrer la derecha”. Daniel ejecutó la técnica. Miyagi se inclinó un poco, se volvió, y se fue, Grayson todavía estaba enfadado y burlándose de Daniel. Grayson continuó su plato kata, kata y Daniel su escoba.

“Barrer la izquierda, barrer la derecha”.

“Lavar plato, secar plato”.

Parecía solo cuestión de tiempo antes de que su competencia se volviera mortal. Después de varias horas, sin embargo, cuando el sol se desvaneció, arrojando sus tonos naranjas luminiscentes a través del estanque, las hojas del otoño caían meciéndose llevadas  por el fuerte viento de verano, Miyagi regresó.

Le dio una banda para la cabeza de Daniel. Estaba adornada con las siete técnicas de trabajo de casa sagradas, cada una inscrita en bellos símbolos orientales dibujados a mano.

-“Ya estás listo para enfrentarte a Johnny. Ponte esto.”

Daniel ató la cinta alrededor de su cabeza. Sonrió, se contuvo, y se inclinó. Miyagi se inclinó hacia atrás y se fue. Daniel, en su euforia, alzó la escoba, triunfalmente, sus cerdas vibraban de forma majestuosa en el cielo del crepúsculo. La tomó sobre su cabeza, sus brazos temblaban, sus dedos se veían blancos contra la madera desgastada marrón, y gritó una expresión gutural, que hizo huir a la fauna cercana, que resonó a través del estanque y trajo lágrimas a los ojos de Grayson; las notas de su expresión eran puras, como el suspiro de un amante, como la leche de la madre, o el tacto del recién nacido, o los muslos de la viuda. Era el grito, algunas veces, del corazón de una tortuga.

*

El día del torneo llegó. Daniel y Johnny se enfrentaron a través de varios combates irrelevantes mientras que la música sonaba. Se enfrentarían en el combate final. Se decidió por un consejo de ancianos que las finales ocurrirían en un lugar neutral: Tome , pueblo en Okinawatown del Valle de San Fernando.


Por ahorra los dejo listos para conocer los sucesos en el torneo final que les presentaré en la cuarta y última entrega de este cuento, personalmente creo que la última parte es lo que más se disfruta de esta historia. ¡Ya lo verán!

Leer la cuarta parte…


Referencias

[1] Alawren2’s weblog. “Sometimes the Hearth of a Turtle”.
<https://alawren2.wordpress.com/2008/06/20/sometimes-the-heart-of-a-turtle/&gt;

[2] GQ. Porque te gusta tanto la escena de “dar cera, pulir cera” de Karate Kid. <http://www.revistagq.com/la-buena-vida/articulos/dar-cera-pulir-cera-karate-kid/22004&gt;

[3]MLA style: “The Nobel Prize in Literature 1994”. Nobelprize.org. Nobel Media AB 2014. Web. 21 Aug 2016. <http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1994/&gt;

[4] MLA style: “Kenzaburo Oe – Biographical”. Nobelprize.org. Nobel Media AB 2014. Web. 21 Aug 2016. <http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1994/oe-bio.html&gt;

[5] Eastern Art Online. “Unfolding Nature. Image of Summer Chinese and Japanese Fan”<http://jameelcentre.ashmolean.org/collection/6980/10017/0/12353&gt;

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3 comentarios en “Karate kid: a veces el corazón de la tortuga. Tercera parte

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