El significado de no tener significado

“La vida no tiene ningún significado intrínseco”, es una idea que desde hace mucho tiempo tengo y que he ido reforzando con el paso de los años. La vida es interpretada por las personas de muchas formas: a través de la fe, a través de la esperanza, a través de la familia, a través de los principios, a través de los propósitos, a través del conocimiento, a través de la reflexión. Ninguna vertiente es mutuamente excluyente, aunque hay algunas que es difícil hacer convivir en una misma persona.

Podría divagar sobre las razones por las que ninguna de esas vertientes me ajusta pero, para el objetivo de este texto, es irrelevante. Me interesa, en cambio, reflexionar acerca de lo que sucede cuando una persona no encuentra significado.

Hace un par de semanas sucedió lo que podría considerar el fin de los más duros años de mi vida hasta el momento. La idea de suicidio se había vuelto una presencia casi irremediable en mi mente, precisamente porque no encontraba un significado. Para quien no encuentra motivos claros para vivir la vida, las vicisitudes diarias pueden volverse una carga insoportable. Preguntas como “¿cuál es el sentido de sufrir sin un objetivo?” van poniendo clavos a un ataúd en el que las personas podemos llegar a encerrarnos hasta provocar realmente nuestra muerte.

En el libro “Gog” de Giovanni Papini encontré un fragmento que describía mi situación: “No quiero saber nada de las diversiones que ofrece el mundo: llevan a la imbecilidad o a la locura, al tedio o a la muerte. Necesito hallar, por mí o en mí, un nuevo placer, una alegría inédita. ¿Podré?”. Cuando un compromiso pactado con una amistad recién adquirida me obligó a volver a la las manos de un profesional, mi terapeuta dijo al final de la sesión: “lo importante es comprender qué significa para ti no tener significado, no solo a nivel intelectual, sino cómo te afecta, qué consecuencias tiene en tu vida”.

Veo que la gente comparte videos, textos de autoayuda, “casos de éxito”, “periodismo” de interés social…mucha “información” enfocada a una búsqueda obsesiva de felicidad, o a juzgar a quien se queja de su amarga vida habiendo tantas personas “que sufren más que tú”, y hoy día tengo la impresión de que todas esas cosas, más que ayudarnos, nos enferman, crean tensión contra nuestra propia persona porque sentimos que nos fallamos cuando no somos capaces de sentir esa felicidad que tan a la mano se supone que está, que es simplemente cosa de “actitud”.

Esa primera sesión me abrió los ojos a algo interesante. Sin importar el origen de nuestros pesares, la supresión constante de las emociones básicas puede, literalmente, enfermarnos, como lo puede hacer también la exposición prolongada a ciertos estímulos. La depresión se trata con medicamentos precisamente porque, bajo el efecto de la depresión, el cerebro es bombardeado constantemente con los químicos relacionados a la tristeza, y el estado depresivo nada tiene que ver con la “actitud” o los “buenos pensamientos”. Para las personas depresivas, existe una presión social que intenta obligarlas a “estar bien”, una exigencia con la que es imposible cumplir, ya que sentirse bien no está completamente en nuestras manos. La ayuda de los (buenos) profesionales de la mente está enfocada a proporcionar a los pacientes de herramientas cognitivas y de introspección que le permitan defenderse a sí mismos de futuras recaídas, algo parecido a crear un “sistema inmune” contra los estados mentales patológicos, mientras que los medicamentos sirven para proporcionarle al paciente un periodo de lucidez que le permita asimilar dichas herramientas.

Agrego dos ligas a páginas con “cosas que no debes decirle a un depresivo”, aunque hay muchas y todas ellas con amplias explicaciones que van más o menos al mismo punto. No sé quién las escribió ni si sea alguien con preparación, pero puedo decir, al menos por mi experiencia, que son bastante acertadas:

http://www.cuidatusaludemocional.com/2013/11/que-no-decirle-a-un-depresivo.html

http://www.upsocl.com/comunidad/15-cosas-que-no-debes-decirle-a-alguien-que-esta-luchando-contra-la-depresion/

Aún no llegamos al fondo de lo que significa para mí no tener significado, aunque en la segunda sesión que tuve aprendí otra cosa importante: la conjunción de la perspectiva intelectual (racional) con la perspectiva emocional (irracional) para la resolución de conflictos internos; aunque de eso hablaré en el próximo texto.

Mon Yumeé

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