Identidad democrática (La diversidad es asimétrica Vol. 1)

Democracia es uno de esos conceptos acerca de los cuales siempre hemos tenido una idea positiva, independientemente de si se cuenta con ella o no. Nos la inculcan en la escuela, se defiende en guerras, se considera un logro del pensamiento humano y nos la ponen hasta en la sopa en temporada electoral. La consideramos un privilegio por encima de las dictaduras, de los imperios, de los cacicazgos, y exigimos (más o menos) su respeto.

Hablando sobre inclusión, una amiga hizo una observación que, en principio, me dejó helada. Ella dijo algo similar a esto: “no digo que la gente trans no luche, pero no van a llegar muy lejos en sus exigencias, no son mayoría, así funciona la democracia”. No dudo que, para algunas personas, esta afirmación tenga algo de fascista, pero quitando mi reacción emocional inmediata, no tenía un argumento racional contra ella.

Muchas son las minorías con necesidades específicas de su grupo, y muchos planes gubernamentales se encuentran focalizados: planes de salud para madres solteras, de empleo para personas con capacidades diferentes, de salud y jurisdicción para personas trans, etc. Sin embargo, no importa lo numerosas que sean estas minorías, no dejarán nunca de ser eso, minorías.

Si a un grupo de 1000 personas se le diera un presupuesto limitado para invertir en su salud, y entre ellas hubiera una persona trans que requiere hormonas para llevar a cabo su transición, ¿sería justo invertir una parte proporcionalmente alta en un medicamento que solo beneficia una persona entre mil? No es tan fácil decir que es justo poniendo las cosas de esta forma. No se le negaría lo que los demás tendrían, pero tendría que ver por su cuenta para solventar sus necesidades específicas. Esta impresión es la que tienen muchas personas cuando se habla de minorías.

¿Qué es esta aparente incompatibilidad entre la democracia y la diversidad? Hay una trampa argumentativa en todo esto. Sabemos que un ser humano de entre estos 1000 requiere hormonas, pero quizá haya otro, uno solo, que necesita un aparato para la sordera, y otro, quizá uno solo, que tenga cáncer, y otro, uno más, que requiera una muy costosa prótesis. Hay necesidades básicas que todos los seres humanos requieren cubrir, pero pocas veces nos damos cuenta que todas estas individualidades tienen necesidades específicas, quizá no tan minoritarias (o quizá sí), que nadie ha juzgado de injustas.

¿Dónde está el problema entonces? En la segregación intrínseca al concepto de diversidad y de minoría. Hemos comprado una idea errónea desde su fundamento. Hemos tratado de combatir a la segregación mediante la inclusión, cuando el único fin razonable es la integración, la supresión de los conceptos distintivos en la lucha por los derechos.

Regresando al ejemplo de la salud y seguridad social, si en lugar de dejar a las madres solteras o a las personas trans luchar por la cobertura de sus necesidades específicas, lucháramos, sociedad en su conjunto, por un concepto integral en su más amplia concepción como “SALUD COMPLETA PARA TODOS”, lo que sea que eso signifique (hormonas para unos, prótesis para otros, obstetricia y guarderías para otras más) nos daríamos cuenta que la identidad democrática es el respeto a las necesidades individuales de cada persona, pues no sabemos cuándo formaremos parte de una minoría.

Mon Yumeé

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