Reflexiones en torno a las ruinas

Un día, él me dijo “Cuantos lindos recuerdos tengo en el corazón ¿Y qué es la vida si no eso? Pequeñas irrupciones de la vida cotidiana que se convierten en la estructura de tu historia”… Y no puede hacer más que sonreír, porque estoy de acuerdo. Estamos hechos de momentos, de recuerdos, de ruinas del pasado.

Ruinas. Restos de un presente que ha sido devastado por el devenir del tiempo. Restos que simbolizan esos momentos, en los que nos hemos sentido plenos, felices, en los que no pensábamos en nada más que en disfrutar el momento que sucedía, con las hermosas personas que me acompañaban… Esos momentos que le dan sentido a todo.

Pienso. El Templo Mayor en México, en algún momento fue importante construcción que simbolizó algo para el pueblo mexica; un espacio que albergó miles de sueños y esperanzas, un lugar de creación, que un día sometido a nuevas y dolorosas ideas, fue  convertido a montones de piedras. Montones que no significarían nada de no ser porque esos guardan historias, guardan momentos y su valor no radica en lo que parecen sino en lo que simbolizan para nuestra cultura.

Así son los recuerdos, esos pedazos del pasado que el propio devenir del tiempo a convertido en ruinas de un presente ya vivido, pero que simbolizan para nosotros un trozo de historia que encarna la vida.

“Y ellos los días nos hicieron. Y así fuimos nacidos nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de vida. Y si nosotros somos los hijos de los días, nada tiene de raro que cada día brote una historia. Porque los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me dijo que estamos hechos de historias” (Eduardo Galeano).

Pienso. Después de alguna tormenta, me siento convertida a ruinas, fui un gran monumento y después fui destruida y convertida a pedazos. Bastante trágico. La cuestión, la que nos salva de la tragedia y nos vuelve románticos, es que esos pedazos, esos trozos dan cuenta de mí, de lo que fui y de lo que podría ser.

Porque en el momento en el que terminó todo no sé qué más puedo ser, podría construirme de esas ruinas o como en las grandes ciudades europeas, construirme alrededor de ellas. Porque esas ruinas son heridas que a veces duelen, pero que nos muestran qué fuimos, cómo nos veíamos, y cuánto cambiamos. Heridas que causan placer porque simbolizan algo.

No sé, me gustaría verme a mí misma como Roma o Paris, que sufrieron miles de ataques, pero que es gracias a sus ruinas, a aquellos escombros del pasado, que aún conservan su esencia, su grandeza y su atractivo. Hay ciudades ultra modernas que causan conmoción, pero son aquellas que guardan grandes historias las que cautivan. Así me gusta verme. Con ruinas.

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