Sobre depilación y otras feminidades controvertidas

Últimamente me he preguntado qué tan frecuente es el interés legítimo de un hombre por utilizar prendas, accesorios y/o prácticas de cuidado personal aceptados como femeninos por nuestra sociedad. Es más o menos bien conocido que el movimiento de Liberación Femenina trajo, entre otras cosas, una relajación de las normas de vestir correspondientes a la mujer, pero dimensionar una liberación estética de la masculinidad no parece ser de interés general.

Recientemente platicaba con una amiga sobre depilación y me hizo notar un hecho que yo había pasado por alto hasta entonces. Me comentó que su esposo practica boxeo y que a razón de ello se depila gran parte del cuerpo. Entonces me di cuenta que, a pesar de que la depilación es algo tan común para muchos deportistas, no me parece que dicha práctica se relacione naturalmente con ellos, ni que el resultado estético sea algo que muchos hombres fuera del ambiente deportivo estarían dispuestos a imitar, sin importar cuántos desearían hacerlo. Tengo incluso la impresión de que, más allá de “agarrarle gusto” a lo que en su práctica es una necesidad, esa necesidad es una forma de justificar algo que les debe ser desagradable, pero ¿cuántos atletas y deportistas aficionados estarían dispuestos a admitir que el resultado estético es también de su gusto? Posiblemente pocos, o tal vez más de las que pienso, pero siempre tratando de “masculinizar” la práctica, en lugar de admitir cualquier grado de feminidad que pudiera relacionársele.

Algo opuesto está pasando entre algunos grupos feministas hoy en día. Muchas mujeres (y algunos hombres) buscan hacer visible el legítimo derecho de la mujer a dejarse crecer cuanto vello le venga en gana o, por entenderlo de otra forma, de dejar crecer cuanto vello no le venga en gana quitar, sin que esto resulte en un estigma de “poca feminidad”, “falta de delicadeza” o incluso de fealdad. Tales pugnas, si bien intentan realzar las cualidades humanas que nuestra sociedad tiende a perder de vista al realzar las estéticas, tuvo también como efecto que se creara un nuevo estigma sobre aquellas mujeres que, también ejerciendo su legítimo derecho a quitarse cuanto vello les viene en gana, están gustosas con el resultado estético de la depilación y otras prácticas relacionadas con el estereotipo de feminidad como los tacones altos, las minifaldas o el maquillaje, tachándolas de “sometidas”, de “promotoras de estereotipos de feminidad que el patriarcado ha impuesto”.

En la comunidad trans el panorama es igual de cerrado. Mi experiencia me sugiere que la práctica travestista y la acepción transexual y transgénero no sólo no cuestionan la imposición de los roles de género y sus prácticas, sino que la reafirman, reforzando, sobre todo, los estereotipos de feminidad idealizada y todos los aspectos estéticos y comportamentales relacionados: los niños, “Machos”, y las niñas, “Princesas”. Adicionalmente, muchos hombres, más allá de mostrar interés por la feminidad a través de las prácticas “femeninas”, dan rienda suelta a sus más bajas pasiones, siendo tan “putas” como les gustaría que sus mujeres fueran, lo cuál no estaría mal, si no intentaran trasladar ese mismo concepto a la mujer en general, y lo disfrutaran en sus respectivas individualidades. ¿Y la androginia masculina? Con mucho dolor debo decir que en la mayoría de los casos es desconocida y, cuando se explica, es generalmente rechazada: las chicas trans quieren ser chicas, no algo intermedio. Y eso me hizo preguntarme ¿qué entendemos por feminidad? Ya intentaré abordar el tema en el futuro, pero por ahora…

¡Ouch! Estamos en un punto complicado. Mientras que los movimientos igualitarios (o equitatarios) intentan romper con los roles de género y sus estereotipos y cadenas, una comunidad dominante y una en pugna por visualización defienden el statu quo, y en medio de todas esas imposiciones, todas las individualidades atrapadas, encaminadas a cumplir las expectativas de la sociedad en la que les tocó existir, y callar el interés legítimo por unas prácticas u otras, por una estética u otra, por un comportamiento u otro.

Por supuesto, el ideal maravilloso sería que no hubiera “masculino” y “femenino” en muchos de los conceptos que conocemos, y que cada quien eligiera, de todas las prácticas existentes, aquellas que acomodaran a su gusto y comodidad. Eso sería calidad de vida, ¿no?

Mon Yumeé

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s