María

maria

El desasosiego se ha apoderado del alma inerte de María, tras un juego del destino se halla frente a dos posibles caminos, dos vidas diferentes, dos corrientes.

La primera imagen ante sus ojos es de una cueva oscura que posiblemente ni final tiene, eso María no lo sabe, solo sabe dentro de sí que es una opción y eso hace de la cueva algo especial,  voltea hacia su derecha,  la segunda opción es una camino empedrado que va de picada entre la neblina de la montaña, tampoco se sabe si ese camino lleva a algún lado.

María no sabe qué decisión tomar lo único que sabe es que no puede volver, ha venido desde un lejano territorio que ya es casi invisible a sus recuerdos, sus pies están descalzos y ensangrentados de tanto caminar, su respiración es agitada pues no ha parado desde que decidió partir, su mente se nubla en ratos tratando de decidir mientras cuadros del camino recorrido llegan a su cabeza.  Siente un frío sudor recorrer de su nuca a su espalda, síntoma de que esta anocheciendo y la temperatura comienza a descender, necesita decidir no puede quedarse ahí, nunca ha sido una opción quedarse, así de simple.

Ha caminado desde que pudo sostenerse en pie y dar un paso, siempre avanzando, siempre caminando aunque nunca sabía hacia dónde caminar.

Ella no lo sabe, nunca lo ha sabido y posiblemente nunca sabrá que la mitad de su ser pertenece a una raza de seres que nacen para andar, estos seres, ancestros de los gitanos nacen con el don de avanzar, nacen para trasladase de un lugar a otro y María es uno de ellos.

Ella nunca ha entendido por que sus pies y su mente siempre están lejos del lugar en donde ella está, porque a pesar de estar a gusto siempre tiene que andar.

Un día de la nada María despertó y sabía que tenía que moverse y se hecho al camino, así, sin nada, su instinto ancestral se movió desde adentro y la llevo lejos, ahora ella está frente a la encrucijada, la obscura cueva o el tortuoso camino en tinieblas.

María no sabe cómo tomar esa decisión, el tiempo que ha estado parada pensando le ha dado un aire de descanso, pero sabe en lo más profundo de su ser que no es suficiente y que ha mitad de camino caerá rendida en algún sitio posiblemente más tenebroso y peligroso que en el que ahora está frente a sus ojos, pero también comprende que quedarse ahí no es una opción, la noche la alcanzado, cada vez es más obscura y también la negrura a alcanzado a su mente y a su corazón.  Está totalmente a obscuras.

Tiene miedo, está cansada, le duele cada musculo de su cuerpo, pero María sabe en sus entrañas que tiene que decidir, que tiene que avanzar, los genes de sus ancestros nómadas comienzan a palpitar en su torrente sanguíneo mandando impulsos eléctricos al cerebro que dicen ¡avanza! Pero hay un detalle más, María es mitad humana también eso la hace presa del miedo y por primera vez María se siente como si fuese un árbol que ha echado raíces fuertes a la tierra para no ser arrastrada por la corriente.

Está paralizada, atónita y muda, su parte humana se ha hecho presente, se ha apoderado de todo su ser y poco a poco dominan a los genes de sus ancestros, ahora la señal en su cerebro es  ¡No avances!

María siente la frialdad de la noche en cada respiración que va hacia sus pulmones, ya ni siquiera siente los pies, estos se han quedado entumidos por el frio y el miedo, su espalda ahora es una tabla fija que sostiene una esfera que en algún momento fue su cabeza, toda ella esta helada, su mente está sucumbiendo, ya ni siquiera escucha sus pensamientos, su boca despide un humillo blanco como si en cada exhalación se escapara un pedazo de su alma.

De repente como si hubiera caído un rayo en el centro de la esfera, María abre los ojos y en la obscuridad ve una luz, la luz que viene de su interior, es débil, casi nula, pero existe, María sabe que esa es la señal, que es la hora, que hay que arrancar la raíz y de andar de nuevo, trata y trata de encender más y más esa chispa divina venida de su interior, pero ésta aún es muy pequeña para calentar su cuerpo que se halla catatónico y congelado, apenas y alcanza para hacer que sus parpados funcionen, pero  María trata y trata.

Apela a cada pedacito de vida, de alma, de ser que se halla dentro de ella para poder alimentar esta pequeña y débil luz, primero toma las partes que hay en su cabeza, que ha dejado de ser una simple esfera, esto ya le da para mover los labios y repetirse así misma que no es un árbol, que no pertenece ahí. Estas palabras funcionan como combustible para la luz de María ya que recurren al enojo que hay en su estómago, ese acido potente enciende y le da una nueva fuerza a la llama que permite a María dejar de ser una tabla, ya puede mover los brazos, sus manos las usa para despabilar la cara y apretar los puños mientras grita tan fuerte como su corroída garganta se lo permite. Un grito que ha despertado hasta la misma madre naturaleza, a tal grado que sus rodillas tiemblan, han acudido al llamado de María.

Solo faltan los pies, los que se convirtieron en raíces, hay que revertir, hay que echarlos a andar, María usa su todo para hacerlos caminar pero parece que no quieren, María grita y grita con fuerza al punto que las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos pero a estos parece no importarles el sufrimiento de María, ella se ha quedado sin voz de tanto gritar, solo quedan las lágrimas y los sollozos, María de nueva cuenta no sabe qué hacer, sabe que de permanecer más tiempo así, simplemente dejara de respirar y María ha de quedarse ahí para siempre.

-María, María-  se repite para sus adentros, de repente recuerda que le falto buscar en un lugar, olvido la materia prima de su corazón, se metió en sí misma y encontró una piedrecilla verde como una esmeralda, pequeña, demasiado pequeña pensó ella para poder echar a andar los pies, por alguna razón que María no conoce, echar esta piedra al fuego le causo más temor que el mismo hecho de quedarse ahí, temió tanto echarla que por un segundo pensó que lo mejor era convertirse en nada y conservar su piedra.

Por unos minutos reflexiono porque esa piedra era tan importante si ni siquiera sabía que era ni de que estaba hecha, pero dentro de ella algo temía que fuera la única, en un acto de fe María dejo de pensar y la hecho al fuego de su interior.

Algo dentro de ella exploto y de repente sintió una energía que recorría cada centímetro de su ser, sintió los pies como una par de locomotoras que no podían parar, pero aún quedaba una decisión, ¿Qué camino debía tomar?,   ¿Cuál era mejor?.

Entonces al igual que con la piedra, cerró los ojos y siguió su primer instinto, y avanzo, María ahora estaba emprendiendo un nuevo camino…

María se sentía fatigada tras la lucha interna que había acabado de suscitar, tenía sed, miedo entre otras cosas. El aspecto de la cueva era lúgubre, tenebroso, tanto como que no podía ver ni sus propias manos, pero sabía que aun así debía caminar. El cansancio y el miedo iban echando piedras que hacían su caminar más cansado y pausado, todo su cuerpo se estremecía  y tambaleaba de un lado a otro, sus ojos estaban tan pesados como dos bolsas de arena, sus labios tan secos como el desierto, María ya no distinguía si había amanecido o era de noche, la obscuridad no le permitía darse ese lujo.

Sin darse cuenta María ha caído, azoto como un costal aventado de un segundo piso, pero su cuerpo débil fue incapaz de percibir tal caída.  Transcurrieron unas cuantas horas para que María reaccionara,  al abrir los ojos vio la habitual obscuridad en la que se había sumergido un tiempo atrás, tiempo que ni ella misma era capaz de calcular. Le tomo unos segundos recobrar la razón completamente y recordar que debía avanzar, y eso hizo, se levantó y caminó.

Ella solo caminaba y caminaba en la total obscuridad;  tantea con las manos pero no percibe paredes, solo siente las duras piedras que se clavan sobre sus pies, a estas alturas ella siente que dentro de poco sus pies pasaran a la historia, al mismo lugar a donde se fue la luz.

Llega un punto en el que María titubea si debe volver, en el que duda de su decisión, pero sabe que regresar nunca ha sido una opción.

De repente la textura del suelo cambia pero María no lo nota hasta ya muy avanzado su camino, de la nada percibe una sensación húmeda en los pies, se detiene asustada, no conoce lo que pisa, respira y se tranquiliza, inspecciona con sus pequeños dedos la nueva sensación que es placentera, esa humedad se mete por sus heridas otorgando un poco de consuelo a sus muy desgastados pies, parece arena húmeda, piensa ella.  Aspira profundo pero no siente el olor del mar, es más María ya no percibe olores.

Sigue avanzando con un poco más de sigilo, la textura húmeda permanece, sigue preguntándose a que se deberá la humedad.

No está segura de cuanto ha caminado ni de cuanto más ha de caminar, pero ha entendido que eso ya no tiene sentido, el tiempo en su nuevo camino es tan relativo que ya no importa.

Se metió a la cueva siendo joven, ya no sabe si es una mujer madura o ya es una anciana, no lo sabe y a ante las circunstancias, eso tampoco importa, María camina y camina como muchas veces sin  rumbo fijo y en la total obscuridad.

María camina pensando en que se encontrará al final de la cueva, pero vamos María pensó ella para sus adentros si es una cueva entonces solo encontraras pared al final, sintió helar su sangre ante semejante descuido, y si topa con pared, ¿que ha de hacer María?.

Pero ya era tarde para regresar, inclusive ya no sabía ni cómo hacerlo, no había luz para seguir huellas, no había otra opción más que caminar.  De repente una idea surgió y calentó el ánimo de María, también cabe la opción de que esto sea un túnel, de ser un túnel entonces tiene un final, esto ha de llevar a algún camino, María respiro aliviada, prefería algo desconocido a un final marcado.

María camina y camina, pensamientos van y vienen a su mente, ella no lo ha notado pero ha perdido más de 10 kilos en unos cuantos días, pero esa ligereza es algo que no siente, la obscuridad no le deja ver que sus manos comienzan a verse esqueléticas, que sus ojos son cada vez más hondos, María prefiere no hacer conciencia sobre si misma porque si lo hiciera entonces en un arranque lastimero podría votarse y dejarse morir ahí, en su miseria. Al cambio prefiere volar en su mente, imagina que no camina, si no que vuela y que al final se metió en un túnel que le llevara a un mejor lugar.

María viene tan absorta en sus ideas de pájaro que no se da cuenta que la textura del suelo de nueva cuenta a cambiado, tiene los pies entre agua y el agua sube, María no se da cuenta que el vuelo en su imaginación no la salvará de ahogarse si no reacciona a tiempo.

El agua ha llegado a sus rodillas flacas y raspadas, de repente como si recibiera un golpe en el vientre vuelve a la realidad y se da cuenta que avanza hacia el agua, hay mucha agua puede sentirla, el agua crece, ya le alcanza la cintura y la obscuridad sigue perpetua, María entra en pánico pensando que en definitiva ahora si no encontrara salida. María no sabe qué hacer y el agua le llega al pecho, María se resigna y acepta su muerte como viene, a paso veloz en un gran caballo negro…

De repente justo cuando el agua le sobre pasa el mentón, toma una gran bocanada de aire y nada, recuerda que los pies no solo avanzan caminando, si no también nadando, si ha de morir que sea usando su último aliento, María nada y nada tratando de chocar con algo  pero esto no sucede, de repente siente que la corriente la jala y le da vueltas como si fuera la seca hoja de un árbol, ya no aguanta más, se está ahogando.

De repente y cuando está a punto de dejar de respirar vuelve la calma, y María ve una pequeña luz en lo alto, nada desesperada hacia ella, literalmente con el último suspiro que le queda, si no hay aire en los próximos centímetros, en definitiva María ha de encontrar la muerte, pero de repente María saca la cabeza del agua y siente un aire por las mejillas y aprovecha a llenar sus pulmones casi vacíos.

Esa pequeña luz le lastima los ojos ya acostumbrados a la total obscuridad, mira a su alrededor y ve que ese faro es la luna, una luna de cuarto menguante amarillenta y entre nubes, pero que alcanza para mitigar un poco las tinieblas mostrarle  a María que está en un lago, no sabe cómo llego ahí pero está muy agradecida por ello.

Nada hacia la orilla pero al parecer el lago es grande, pero eso ya no le importa, había salido de la cueva y eso ya le hacía muy feliz.

Al salir del lago siente hojas crujir a sus pies, está en un bosque obscuro, pero qué más da la obscuridad ya se ha hecho parte de ella, María intenta caminar pero esta terriblemente cansada, ni los brazos pueden más, han nadado tanto que siente que ha cruzado el atlántico norte en una sola noche.

María se sienta junto a un árbol, es la primera vez en no sé cuánto tiempo que María disfruta el estar sentada entre hojas secas sintiendo la brisa del bosque. María se queda dormida antes de recordar que es un ser en huesos de aspecto espectral.

Los primeros rayos de sol despiertan a María de un sobre salto, en su mente ella seguía en aquel obscuro abismo sin fondo, tarda unos minutos en apaciguarse y darse cuenta que está afuera de nuevo,  abre sus enormes ojos marrones, pestañea un par de veces, pestañazos que se sienten hasta Venus.

Con la luz del día María observa sus manos que están en los huesos, las uñas rotas, los nudillos raspado y enmugrecidos, observa sus brazos y sus codos, moreteados y con  sangre, se toca, se palpa cada una de sus partes y lo que siente es algo que no le agrada, su cabello se siente como el nido abandonado de un pájaro, tieso, lleno de lodo y cosas que desconoce, respira hondo y decide acercase al lago para ver su reflejo después de mucho tiempo.

Al ver su aspecto siente pena y llora,  el color humano ha abandonado su rostro, ahora es pálida, el rosa de sus mejillas se quedó con cada uno de los pedazos de piel que se quedaron en la obscuridad, ya no sabe si es mejor hundirse en esas aguas y desaparecer o hacer algo por ella, por su horrible aspecto.

Por lo pronto decide lavarse, cuando alza la mirada ve que de un orificio en una montaña a lo lejos sale un gran chorro de agua y comprende que de ahí ha venido, se sorprende al  descubrir que atravesó por las entrañas de una montaña y como si ella fuese parida por la tierra ha salido a través del orificio lleno de agua.

María abre sus ojos de una manera que hasta sus pupilas ignoran la penetrante luz del sol,  María comprende que ha vuelto a nacer y que debe avanzar pues este tampoco es su lugar.

Camina entre los arboles tocando todo a su paso, siente en cada respiración el alimento que su alma quebrada necesita, se alimenta de frutos y sigue avanzando, María no se ha dado cuenta pero ha ganado unos cuantos kilos, aun es pálida su piel morena pero poco a poco está volviendo a ser ella, María tampoco se ha percatado que su andar ha adquirido un tono sereno, hasta parece que da pequeños saltos,  no se ha percatado que en su rostro hay una nueva mueca que jamás había hecho, María sonríe por primera vez en toda su vida.

El aire del bosque juega con sus ondulados y negros cabellos, la humedad humecta su piel, cada fruto del bosque regresa color a sus mejillas, su dermis ya no es acartonada, es de nuevo un humano, ya dejo de ser un espectro que camina, pero María aún no se da cuenta de nada. Su alma disfruta del bosque pero su mente aun está en la cueva y su imagen en su mente sigue siendo fantasmal.

María camina y camina,  juega con la noche y el día, no comprende por qué se siente bien a pesar de ser un esqueleto andante…

La lluvia cae en el bosque y María por fin se detiene y esto la hace reflexionar, ¿hacia dónde va el bosque? Lleva días caminando como siempre sin rumbo fijo pero esta vez de manera agradable, pero eso no le quita a María que no sabe a dónde va.

Las gotas que caen de su rostro perece que hacen consiente a María de su nuevo aspecto pues la obligan a llevarse las manos a la cara y siente carne, siente vida en sus mejillas de nuevo, sigue recorriendo su rostro y descubre su sonrisa, -que rara mueca-  pensó ella. La sensación le ha gustado tanto  que sigue tanteando su cuerpo mojado de lluvia, siente cuerpo, no solo huesos, esto la hace inmensamente feliz, María siente regocijo en su vientre.

Pero vuelve en un santiamén a la pregunta del día, ¿hacia dónde lleva el bosque? María medita y piensa que el bosque le regreso la vida, tal vez debía quedarse allí, pero por primera vez María caía en conciencia de que caminaba sola, esto no le molestaba, pero ¿es lo que María realmente deseaba? No lo sabía, María nunca había cuestionado ni por qué, ni cómo, ni con quién debía caminar ella solo sabía que debía avanzar y avanzar. María se encontraba de nuevo ante una encrucijada, se quedaba en el bosque o salía de él.

María por primera vez se sentó en una piedra no por cansancio, si no por gusto, se sentó a pensar sobre sus deseos, María no se ha dado cuenta pero María había desarrollado su conciencia.

Pensó y pensó, llego al punto de preguntarle al viento cual era la mejor opción, le pregunto a las piedras, a las hojas, hasta los mismo arboles ya se habían aburrido de tanto que María preguntaba lo mismo una y otra vez, y pasaban los días y María seguía preguntando, María sin darse cuenta se había detenido de nuevo, María inconscientemente había tomado ya una decisión.

Pasaron los días y María seguía pensando, sus sinapsis cerebrales ya hacían corto circuito, hasta juraría que había adquirido mayor materia gris de tanto pensar.

Pero casi como designio divino una fuerte tormenta eléctrica acribillo el bosque como si fuera la segunda guerra mundial, María temía de nuevo, sintió un escalofrío por todo el cuerpo, sus bellos se erizaron y sus oídos estaban sordos ante el estruendo, parecía que María perdería la audición  esa noche,  al parar la tormenta María cayó en cuenta que se sentía desprotegida en el bosque, sintió que en cualquier momento un rayo vendría y acabaría de un golpe con su vida, María impulsada por su propio miedo avanzo, se puso a caminar, para ese entonces su pies se sentían extraños ya que no habían avanzado como siempre, pero al mismo tiempo se regocijaban de andar de nuevo, como se sabe la naturaleza de los pies, es caminar.

María caminaba preguntándose ¿qué quería hacer?, ¿hacia dónde quería ir?, de repente, María encontró un poblado, le recordó al lugar de donde había salido y por primera vez, María volvió unos pasos hacia atrás…

Tras andar unos cuantos metros en dirección al bosque María se detuvo y por primera vez por la voz de su conciencia y no por la de sus ancestros María decidió que no había que volver jamás, se voltio, abrió sus ojos tratando de captar toda la magnificencia del paisaje, respiro profundo y camino hacia el poblado, se detuvo  justo antes de pisar camino labrado.

Cerro los ojos respiro el aire puro del bosque por última vez, tanteo las hojas secas con sus pies desnudos, María sabía que era el comienzo de una nueva vida, que a partir de dar el primer paso, sería una nueva María, y por primera vez María se dio cuenta que se habían quedado muchas Marías en el camino, que la obscuridad, la incertidumbre, el cansancio y todas sus peripecias en el túnel, así como las benevolencias del bosque la habían transformado en una nueva María, en una María que seguía caminando pero por decisión propia, hacia donde ella quería y que inclusive había aprendido a sonreír, María ya no se regía por los genes de su raza de gitanos, María ya no era definida por su mitad humana, María era María, conjunto de toda ella, María era su propia historia. María le puso una flor a su cabello como signo de femineidad, porque María también se había asumido mujer y fuerte, María andaba descalza todo el tiempo, porque María pisa de ahora en delante de manera firme y fuerte, como las raíces de un árbol que camina.

MarCZ

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