Pedagogía y teatro

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Hola:

Es un gusto para mi compartir con ustedes mis pensamientos, mis ideas, conocimientos, ¿y por qué no? mis sueños, creaciones y pasiones.

En éste primer post quiero iniciar por compartir con ustedes un texto que escribí con la intención de vincular dos de mis grandes pasiones: el teatro y la pedagogía.

Espero que sea del agrado para los amantes de estas dos hermosas disciplinas y de contribución e interés para los que aún no las conocen. Disfrutenlo:

“El teatro, la vida y el pedagogo”

Introducción.

Los seres humanos somos una especie compleja, que se compone de elementos diversos inseparablemente asociados y enmarañados, una totalidad, que manifiesta novedad, creación y temporalidad, una especia de seres inacabados y en constante construcción; evolucionamos particularmente, y a la vez, en conjunto. Cada individuo, nace en una sociedad humana especifica que está en constante movimiento, que se crea y se recrea, de tal forma que nunca es igual y sigue siendo la misma, sigue siendo humana; en dicha sociedad coexisten valores, ideas, comportamientos, prototipos y normas establecidas, producto de los cambios históricos y evolutivos que en ella se experimentaron en un pasado, y que ahora dan cuenta del presente.  Sin embargo, y de acuerdo con Aristóteles, el ser humano también es una única sustancia compuesta de alma y cuerpo, que se relaciona como forma y materia, y, por tanto, como acto y potencia; es capaz de interpretar y construir su realidad, de tal modo que la transforma de acuerdo a la manera en que es capaz de organizar el propio entendimiento. Por ello, podemos decir que el hombre, es un ser creador, que, a través del arte, expresa una visión personal que interpreta lo real.

Consecuentemente, como seres humanos, el arte es para nosotros una extensión de nosotros mismos,  de nuestra subjetividad, que materializa la visión del mundo de cada individuo y por lo tanto, un campo de especial atención para los pedagogos.

En el presente trabajo, abordaremos esta relación, desde la perspectiva del teatro entendido como un arte escénica; un arte que hace presente una idea y la convierten en una realidad relativa, existente, pero temporal; y, que al ser la educación el vehículo más eficaz para la transformación del hombre, el teatro puede, en su esencia, otorgar herramientas de las que el pedagogo se puede servir para ejercer su labor, pero sobre todo, para conocerse a sí mismo.

El teatro, la vida y el pedagogo.

“[…] es falso que el conocimiento así en abstracto, transforme al mundo; lo transforman los hombres y mujeres que lo conquistan y saben manejarlo, sobre todo quienes para conocer más elevan su calidad humana […]”

Pablo Latapí (1995).

Al hablar de pedagogía, y desde una perspectiva filosófica (que considero la más apta), nos referimos a la disciplina multidisciplinaria que se encarga de reflexionar y hacer análisis en torno a la educación, de modo que busca aplicar dichas reflexiones y análisis al campo educativo e intervenir en él, para (de acuerdo a su raíz latina) “conducir al niño” (al ser humano) a la transformación de sí mismo y del mundo; es teórica y práctica; teórica en la medida que caracteriza la cultura, identifica problemas y necesidades culturales que pueden ser solucionadas por la educación; y práctica, porque parte de su saber se construye en la aplicación de la teoría, al campo de la educación[1]. Sin embargo, la pedagogía también puede ser entendida como un arte ‎ si por arte queremos entendemos una estructuración personal y una sintonía especifica con la situación que se tiene delante.

Entonces podríamos decir, que, de acuerdo con la primera definición un pedagogo es un profesional y especialista de la educación; y con la segunda, podemos ir más allá y decir, que no sólo es eso, sino también un sujeto comprometido socialmente, alguien que práctica el arte de la crítica, según Joan-Carles Mèlich; y un artista, un creador, pues es la educación un instrumento de transformación social (sea cual sea la transformación que se busque), una realidad esencial de la vida individual y social humana, un hecho social.

Ahora bien, hay que ser conscientes de que la educación es un campo difícil, pues muchos de los grandes pensadores del siglo XX han coincido en que la educación tanto es un campo de transformación, como también un campo de reproducción y enajenación del humano a manos del poder; un espacio que coarta las libertades innatas del ser humano, que reprime al hombre, que lo maquiniza; un aparato represivo de estado, un lugar diferenciador; en fin, al ser un campo de transformación del individuo y la sociedad, es por tanto un papel en blanco con el poder de cambiar la realidad, la sociedad y la humanidad, el problema radica, en lo que transforma, para qué, para quién, con qué fin, en la utilización que se quiera de este.

Y bien, en este sentido, es necesario para el pedagogo, para que pueda analizar, reflexionar y crear,  ser capaz de definir qué quiere ayudar a crear, qué interpretación le dará a la realidad, qué papel quiere jugar dentro de la construcción de la realidad futura y comprender que tanto hace y puede hacer para que la educación sea un ente de cambio que ponga al hombre en contacto con su comunidad y lo devuelva a esta para su comprehensión (una competencia compleja que no incluye sólo el conocimiento, sino que, al mismo tiempo, involucra lo afectivo y lo práctico) y su servicio, que conserve y cambie la realidad de acuerdo al bien común; pero ya no sólo como pedagogo sino como ser humano, pues al ser la educación una tarea social, el pedagogo debe ser un ser humano ético. Y como ya vimos, no es suficiente ni necesario con que un pedagogo sea un profesional que sepa mucho, que domine todas las teorías, sino es un buen humano, sino no tiene conciencia de sí mismo, pues es la conciencia de sí mismo la que permite a los hombres ser consientes de los demás; la conciencia valora los productos de la mente y las acciones humanas. “Conócete a ti mismo” es la inscripción de la puerta del oráculo de Delfos; el psicoanálisis plantea que hacer hablar al inconsciente, hacer hablar a lo real del ser, al dar salud mental y rescatar de la neurosis que la represión mental provoca, a los individuos, y los convierte en sujetos hablantes que saben de sí y de su historia; es pues importante para el pedagogo tanto como ser humano, como pedagogo, conocerse a sí mismo. Ya lo decía Sartre, “[…] cuando decimos que el hombre es  responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres”.

 ¿Cómo lograr esto?

Quizá parezca complejo pensar en algo así, pero considero que el teatro es la herramienta para cumplir con el objetivo de hacer que el pedagogo, el humano, se conozca a sí mismo. Con este planteamiento no quiero decir que todos los artistas (utilizare este término para referirme a quien hace arte) se conozcan a sí mismo, pues es algo que nos es imposible de conocer; pero, si pienso que el arte (y lo mencionamos en la introducción) es una herramienta para la libre expresión de la subjetividad, que materializa la visión del mundo de cada individuo. Y en este caso, me guiare en el trabajo de Peter Brook, para decir que el teatro es el espacio vacío donde es posible que el ser humano se conozca a sí mismo.

Teatro, significa “lugar de contemplación”[2], sin embargo, es más que eso, es un producto humano, un arte escénica que hace presente lo real del ser, pues es en ese lugar donde lo que se contempla es otra realidad, una realidad alterna en que todo significa otra cosa, pues cuando se hace uso del espacio vacío se crea una convención entre lo real y lo ficticio (que es real en ese espacio); el teatro es acción, en él se trabaja, se hace posible que las ideas se concreten hechos, pues debemos recordar que las ideas, ni los saberes sostienen a la realidad, sino que sólo pueden derivarse de ella.

Al ser un producto humano, es hecho por y para los humanos, y por tanto va cargado de todo lo que es la humanidad; por ello considero que importante no sólo es para el pedagogo (aunque en él se base este trabajo), ni para los trabajadores de la educación, si no para todos los individuos, poder tener una aproximación al teatro, ya sea como espectador o como participe; pues el teatro es una metáfora de la realidad, de la sociedad, su comprensión y apreciación, es una buena herramienta para el trabajo individual del conocimiento de sí que da pie a un conocimiento de los demás, no sólo por que sea algo representativo, sino porque encierra en sí mismo un proceso de aprendizaje.

En primera instancia, debemos decir que el teatro es mortal, puede morir, si no encuentra una relación con su público, si no trasmite algo a su público; del mismo modo, si el individuo no logra establecer un contacto consigo mismo, no podrá hacerlo con los demás, y por lo tanto, de cierta forma morirá. Cada obra tiene un fondo y una forma, es decir, un significado y una forma de actuarlo, que está definida por el contexto en el que se origina, pues define un tiempo y un espacio; eh ahí, la presencia implícita de un trabajo de construcción de la realidad alterna basada en el contexto, que responde a la realidad común, sin perder el estado ilusorio; es necesario pues, conocer todo el contexto donde los autores surgen, cada una de las características de origen para comprender que en el acto, es posible romper con un orden anterior al recuperar, o construir al mismo tiempo, otros ordenes posibles; en una puesta en escena, todo influye en todo, porque el teatro es un actividad de grupo, de modo convergen y se contraponen cualidades de los individuos, provocara un cambio o alteración en el espacio en donde se lleva a cabo, y creara una dinámica de fuerzas que se mueven y transmiten las unas a las otras, de tal forma, que van influyéndose mutuamente, provoca sensaciones y comportamientos.

De este modo, si un el teatro, no corresponde a la realidad en la que surge, no da elementos para su comprensión, puede ser mortal; terminar en un instante, pues no conecta al público. Si una persona se sube en un escenario o ve una puesta en escena, debe tener la capacidad de comprender lo que ve o que hace, pero si sólo está por estar, es decir, si no lo vive, lo siente y se conecta, el significado que el teatro podría estarle dando se perderá. Por eso dice Brook, que el público también puede ser mortal; si el público no se sensibiliza, si no permite que el objetivo de la obra llegue a él, tampoco podrá abrir su mundo interno a este maravilloso mundo que es el teatro; como pedagogos, como personas, debemos pues aprender a sensibilizarnos, a ver más allá y a buscar una conexión, porque de eso se trata el arte, de una práctica que generan encuentros entre los hombres, para poner en diálogo sus visiones sobre ese mundo.

En este sentido, podremos introducirnos al teatro sagrado del que habla Brook, un teatro cargado de significados que se vuelven colectivos, significados derivados de la cultura, que hacen visible lo simbólico, lo que es invisible,  y suceden en el espectador; busca dar una cosmovisión colectiva, cargada de sentido, que propicia actos de unión. Entonces, también proporciona a los individuos procesos de socialización, a través de los propios referentes de la cultura, de las que son parte; si tomamos el ejemplo de Bourdieu y habitus, entendido como subjetividad socializada, es decir el conjunto de modos de ver, sentir y actuar que, aunque parezcan naturales son sociales, están moldeados por las estructuras sociales, se aprenden e interiorizan; el teatro puede ser un campo de reproducción del habitus, que, y debemos aclararlo, no es malo, si no que es un ente necesario en el hombre, pues el hombre es un ente eminentemente social. Por ello, también existe un teatro tosco.

Este teatro retoma lo popular y lo cultural, y le da una nueva reinterpretación, de modo, que parece exagerar la realidad; cosa necesario, dice Brook, porque el teatro tosco devuelve humanidad al teatro, nos hace recordar que existe el sudor, ruido y la tosquedad inherentes en el ser humano, para dejar de ver al teatro como algo sutil, estiloso, que no se permite “fallar moralmente”. A partir de Brecht, podemos introducir a nuestro trabajo el concepto de alienación, que es despertar de la ilusión; volver a mirar lo que está arriba del escenario, hacer consciente de lo que pasa, de la ilusión para después volver a ella; aquí el punto clave, hacer consiente.

El teatro, en este caso tosco, con el principio de alienación, hace consiente al ser humano de que lo que pasa arriba del escenario no es más que una ilusión, que sin embargo, puede seguir existiendo si es permitido; para una persona, es importante recordarle su condición humana, una condición imperfecta y compleja, pues cada ser humano es diferente y a la vez igual; devolver la humanidad al individuo, es pues, recordarle, aunque después volvamos a la ilusión, hacerlo consciente de que puede vivir EN sus diferencias con los demás hombres, pero siempre tendrán algo en común, ser hombres[3]. Esto no significa nada más de propiciar la tolerancia en el humano, pues entre más consiente sea de su humanidad, más respetara la de otros; pues quien no se conoce, no puede conocer a los demás, al menos no, de una manera optima.

El teatro es, entonces, algo real, tiene una relación inmediata con el público, con el ser humano, consigo mismo; trabaja con lo que existe, tanto en la mente como en el mundo material, pero que existe. Debe lograr a través, de las palabras, del lenguaje corporal y verbal, representar lo que el autor de la obra quiere que decir; el actor, debe ser el instrumento vacio, que preste su cuerpo, sus emociones, su mente, al un personaje que él ha de hacer existir. Brook propone una formula T=R*r*a.[4]

El teatro es una representación, pues hace presente, revive, renueva una idea o pensamiento; es repetición, pues en ello perfecciona su trabajo; y es asistencia, es decir, pide atención, pide que sea vivido.

El teatro es pues, a mi criterio, el mejor instrumento para el ser humano, para el pedagogo, de conocerse a sí mismo; porque le permite hacer presente sus ideas, su inconsciente, lo que no se permite hacer; le pide que repita, que repita dicha visión, que la analice e intérprete, de modo que la entienda, que la asista, que la viva; un filosofo griego dijo alguna vez, “una vida sin análisis no vale la pena ser viva”, una vida sin arte, sin un análisis y representación de la realidad, de sí misma, no vale la pena ser vivida; porque, al final, el teatro es un juego. Necesita de imaginación para existir.

 Conclusión.

A manera de conclusión, me gustaría y espero no herrar, cerrar este tema desde mi propia subjetividad, es decir, desde mi propia experiencia en el teatro. Espero con ellos no mermar el trabajo teórico desarrollado, pero considero necesario, hacer presente en este texto, lo que como pedagoga, pero sobretodo como ser humano, el teatro me ha brindado y me puede brindar.

ía y TeaSí bien el termino teatro ahora es claro para mi (o eso espero), nunca antes me había remitido a tantos significados, a tantos sentidos, ni a tanto respeto. Estar arriba o debajo de un escenario, es como estar en una realidad alterna, donde todo lo que sucede ejerce una influencia en dicha realidad; pero, al ser una realidad alterna, me permite ver mi propia realidad, si seguimos el planteamiento planteado en el presente trabajo, me permite ser consciente de mí misma. Ahora bien, con ellos no quiero decir, que sea un proceso fácil y que yo me conozca a la perfección, pero si estoy segura que estar en contacto con este mundo, me ha permitido replantearme lo que soy, lo quiero ser y lo que puedo ser.

Estar arriba de un escenario, es para mí, entrar en un mundo donde todo es posible; un lugar enigmático, que no ve lo que está mal o está bien en mí, sino lo que soy y lo que puedo ser; pero no sólo eso, si no también, lo que son y pueden ser los demás. Cuando me hago consiente de mí, soy consciente de que hay más a mi alrededor, pues me reconozco como una, y así, es más fácil verme como un uno en un todo; esto, para mi carrera ha sido de suma ayuda, dado que no sólo me ha permitido pensar más allá de lo que creía establecido, sino también, a tomar conciencia, de que tanto en el teatro como en la educación, en el individuo, el elemento principal es el ser humano, pues todos ellos son humanos; pero en todos ellos, existen dimensiones en común, la principal, que todos buscan un deber ser; el teatro, en el sentido de lo que interpreta que es la realidad, de cómo la hace presente; la educación, de lo que busca en el ser humano, qué pretende y cómo pretende hacerlo; y, en el humano, lo que es, por su propia naturaleza y lo que debe ser, condicionado socialmente, pero no por obligación sino por vocación, pues para mí, como individuo, ser pedagoga es una trabajo condicionado socialmente, donde debo pensar en lo que debo ser y lo que soy, para poder actuar en la obra educativa; porque educar, es para las mente utópicas como la mía, una misión vocacional de trabajo para la vida; una tarea de placer y amor por el conocimiento, por la sociedad y por sí mismo.


  1. 1.        [1] Esto de acuerdo con “Pedagogía. La red de profesionales de la educación”; cabe resaltar, que aquí, llaman a la pedagogía como una ciencia, dado que basa su conocimiento en saberes razonados  comprobados, utiliza el método científico y tiene un objeto propio de estudio.

[2] De acuerdo con su origen etimológico, del griego θέατρον theatrón

[3] Edgar Morin nos habla sobre la importancia que tiene enseñar, en primera instancia, la condición humana en la educación del futuro; esto es, que los sujetos se reconozcan en su humanidad común, que se reconozcan como seres humanos, pues conocer lo humano es, principalmente, situarlo en el universo y a la vez, separarlo de él.

[4] Teatro= Repetición * representación* asistencia.

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Un comentario en “Pedagogía y teatro

  1. Es fantástica la conexión que has hecho entre dos disciplinas tan aleatorias: el teatro y la pedagogía. Un artículo muy bien sustentado e interesante, además tu forma de escribir, tan muy académica, facilita la comprensión. Kudos.
    Al final, sólo me gustaría preguntarte : ¿por qué el teatro y no cine, por ejemplo? ¿hay algo en particular que haga a las artes escénicas tan compatibles con la pedagogía?

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